Palabras
>> miércoles, 19 de enero de 2011
Diez minutos bastaron para saber
que sus ojos negros
quemarían por siempre mi alma.
Hoguera de palabras,
palabras, palabras, palabras,
todas bien dichas,
bien pronunciadas.
Y su mirada queriendo barrer las letras…
Un paisaje permanente aunque no se mire,
un suspiro,
el viento que cala en los huesos,
la lejanía tan cercana.
El silencio que queda después de haberse dicho todo
y el miedo a mirar.
Palabras, palabras, palabras.
Robar un beso
no significa perder el abrazo.
Palabras, palabras, palabras.
Hoy miro hacia arriba
y confundo el avión con un puñado de estrellas.
¡Y qué solo me siento
cuando termina el corto verano!
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Así es la realidad
>> martes, 18 de enero de 2011
Así es la realidad,
dura, negra y con un futuro cada vez más corto.
Soñar,
sin que existan los espejos.
Así es la realidad,
como un manojo de poemas sin leer
o basados en cirugías del alma.
Así es la realidad,
amando improvisadamente,
no por costumbre.
Rememorando ese rostro
que tuve entre mis manos,
restaurando memorias para evitar que mueran.
Así es la realidad,
cargada de mensajes que arrastran tristezas
aunque el dolor también ilustre.
Ojos desbordados de lágrimas
y silencios que colman las noches.
Así es la realidad.
Así es en realidad.
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Y se supo viejo
>> domingo, 9 de enero de 2011
Y se supo viejo,
desde el momento que le pidió un beso y se lo negó.
Fue en ese instante
cuando su frente se arrugó, su cara se llenó de manchas oscuras
y el cabello se encanó.
Y se supo viejo,
cuando se llenó de temores
y sintió como respuesta
una justificación que le escupía.
Las palabras que tapan el roce de unos labios,
no son buenas
si queman por dentro.
La noche cubrió el momento.
No fue capaz de mirar su rostro
oscuro también por la ausencia de estrellas.
Sintiendo su presencia, su inteligencia
e incluso la verborrea que le pisaba,
se sintió mayor, feo y desubicado.
Y se supo viejo,
cuando se dio cuenta de lo estúpido que había sido.
Hace tanto de aquello
>> martes, 4 de enero de 2011
Hace tanto tiempo que no escribo,
que no encuentro las letras que describan
la silueta de lo ajeno,
los pensamientos de ella mientras llora,
o los gritos de ambos
pidiendo el cariño desconocido.
No hubo malentendidos.
Tan sólo un silencio envolvente
que conseguí a tiempo meterlo
en una botella
y tirarlo al mar
(hoy flota como náufrago en busca de una isla).
Ahora el viento
susurra –ronronea.
Las aves que vuelan
me distraen,
me hacen darme cuenta
que sigo en el trance de la vida,
aunque calle,
o grite
o incluso ame.
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