Cartas de amor

>> martes, 16 de septiembre de 2014


Cuéntame,
por qué lo que escribes
recuerda a viejas cartas de amor
que en tu juventud me enviabas.

Dime,
por qué tus letras son del color de la emoción
y las lágrimas que caen solitarias de mis ojos
no empapan las frases  
que más marcan el corazón.

Cuéntame,
quién te enseñó a robar almas y venderlas al diablo,
quién te presentó a ese diablo
y con qué mentira te tentó para ganarte.

Cuéntame,
por qué desde entonces
abro el buzón cada diez minutos
y sólo el banco me quiere,
y la única carta que envías
mancha mis manos de negro,
como la sangre sucia.

Cuéntame
cuándo te irás,
si tendré tu misiva de despedida
y si entonces,
-ya viejo-
gastaré el último cartucho de amor
vendiendo barato mi cuerpo.


©Hisae 2014


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Merece la pena vivirla

>> miércoles, 10 de septiembre de 2014


Desde el primer bostezo
me muestro desnudo y sin vergüenza,
para inventar mi propio mundo y dejarte a ti -si deseas-
en él una pequeña parcela.
Es para coexistir,
para que inhales mi aire -que es más puro-
para que huelas el mismo olor con que la mañana me obsequia,
y para que mi cielo -un cielo chiquito- sea también tuyo
y podamos compartir incluso los ángeles -si los hubiera-.
No protesto si reprimes la hora,
si demoras el momento  y tardas en llegar;
mi espera la sacio siempre
con poesía que otros poetas escribieron para que yo leyera,
y cuando tú regreses
te rimaré cuantos versos nos deje el día.
Al caer la noche -cerradas ya las ventanas-
si  te volvieras a marchar,
encenderé la vela de mi paciencia,
y si acaso cabeceo,
el reloj velará tu regreso junto a la luna
que también pinté para aclarar las sombras.
Y es que merece la pena vivir
si es para compartir algo contigo y con quien más tú traigas.
Arrojar al aire señales de color
para indicar dónde y cuándo es la fiesta de mi vida,
y la música que suene serán tus palmas con las mías,
junto con los susurros de los vecinos murmurando
el porqué de nuestro propio mundo,
mientras el de ellos -envidiosos- se encoge y disminuye
y se quedan sin tumbas para tanto muerto,
y mi cielo -tu cielo-
y nuestra luna,
y las velas que encendí,
y el aire con que te agasajé,
seguirán con nosotros mientras decidamos
que la vida merece la pena vivirla.


©Hisae 2014


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Siempre merece la pena

>> sábado, 6 de septiembre de 2014


Esos pocos ratos que distraigo con el aire,
ese casi azul inventado,
las palabras tintadas de negro
y las sonrisas de tres en tres,
te lo cuento a capítulos si acaso ese día decides no acompañarme.
La música pasa ante mí
transformada en elevados decibelios que no soy capaz de digerir
hasta morir -ésta- aplastada por el último coche que circuló tras ella.
Y después, sin pausa
cae nuevamente la tarde de los últimos minutos de mi rato
para acostumbrarme que el día mereció la pena
y que no sirve de nada contar hasta diez
si los instantes de felicidad se quedan en sólo ocho
porque valdrán igualmente
y se darán por bien aprovechados.
Más tarde romperé el lápiz en dos pedazos,
apoyaré mi cabeza sobre mi mano
y oyendo el tic tac del reloj,
dudaré
si acaso esto no fuera cierto.
Y cuando sea noche cerrada
y lo único que se escuche sea el ladrido lejano de un perro
te preguntaré porqué no viniste,
y me dirás -o no-
si acaso aún no te has dormido
el porqué te quedaste,
y gastaremos los últimos besos en creernos,
y nos amaremos,
y soñaremos con otro cuerpo mientras sudamos juntos.
Pero esto también -seguro-
mereció la pena.


©Hisae 2014


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Seguro que ya te consta

>> sábado, 30 de agosto de 2014


Sólo son unos segundos seguidos de un suspiro
y sin embargo
quemo todas las energías en la magia de lo bueno,
y ansío cambiar el plazo de segundos por eternidades
y que los suspiros alcancen a ser gritos
y que mi grito sea escuchado a lo largo del viejo mundo
y cuente el porqué de lo que vivo.
Da igual si eres amor o sólo deseo,
no me importa si te veo o te pienso,
si se rompe el momento
o si encuentro otro instante con el que retenerte.
De lo que hay sólo eso queda
y mientras estés
el momento es sólo mío,
y cuando me vaya te regalo el resto
y pintaré de azul el recuerdo.
Quererte,
ya te consta que te quiero.


©Hisae 2014


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Cuando mi cuerpo se despidió del corazón

>> domingo, 17 de agosto de 2014


De espaldas al sueño y sin temer un ápice a la noche
bajo una escalera sin peldaños,
tropezando cientos de veces con mis propias huellas
con el afán de llegar cuanto antes a tu enfado
y terminar de una vez por todas
con las penitencias que me imponen tus escarmientos.
El grito,
que se convirtió en silencio
-no podía ser de otra manera-
tu semblante en cuchillos
y tus manos en tijeras,
convencieron a este corazón troceado
que marchara y no volviera,
que callara y ensordeciera
y que muriera solo y sin condolencias.

Ayer les contaba a los míos
cuánto duele el escribir versos de sangre que nadie lee
y cuánto se alivia la pena al saber
que no existe tal desamor sino en el cine.
Como espectadores fieles
aplaudieron al final de mi narración,
y tras un nuevo trago de cerveza
el siguiente nos contó su noche,
y la que escondía sus piernas tras el sofá
sonó su nariz rojiza para disimular el llanto
y cambiar de registro a la tarde.
Al despedirnos todos salimos fuera,
y entre abrazos y algún beso,
mi corazón se fue solo hacia la izquierda,
y mi cuerpo,
sin mirar atrás,
marchó para siempre en dirección contraria.


©Hisae 2014


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Bajo un frangollano

>> domingo, 10 de agosto de 2014


Si te digo mil veces buenas noches,
más de mil veces,
si así termina antes el día,
si las escaleras se acortan en peldaños
y la distancia se convierte en efímera quimera,
es porque larga se convierte la hora que desdibuja mi reloj de pulsera,
que siente ganas por mí,
para que yo te vea.
Si la noche se acaba y no dejaste el vaho de tu boca en mi almohada,
si la ventana continúa cerrada
y las pilas de mi madrugada se gastaron,
si acaso fue mi invención
el que estuvieras bajo la sombra del frangollano
y que el rojo de sus flores no fueran flores
si no la sangre de mi mentira,
Arrecife se vuelve ciudad de cuentos
y no de citas,
y yo me vuelvo a donde nací para pescar un sueño
del que gozar despierto
sea noche o día,
pero de ventanas abiertas, besos bien dados
y rojos de flores y nunca mentiras.


©Hisae 2014


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¿Quién podría dañar a una mariposa con una cuchara?

>> domingo, 20 de julio de 2014


Pretendo ensamblar el puzle
de los cientos de sueños que pasaron por mi cama
en una sola noche
y las piezas no terminan de encajar
al diferir mucho el negro de la noche
con la blancura extrema de unas sábanas bordadas con tus iniciales,
el tamaño enorme de una luna recién llenada
y el vacío de un día
corto y poco aprovechado.
Tú eras parte de ese puzle,
pieza única que no logro concordar
aunque poseas el hueco más grande de mi cama.
Te sueño tres veces seguidas,
pero evitas que roce tu cuerpo con la tela de mi pijama.
No me esconderé jamás para decir
que cuando consigo unir la mitad de mi sueño,
tu mirada casi transparente me hace adivinar
que no es en mi cama donde deseas permanecer
sino en cualquier otra que te ofrezca
un sólo sueño exclusivo para ti.
¡Qué absurda noche!
¡Qué aburrido el reconocer que sobran sueños
y faltan vidas reales!
¡Cómo deseo que termine la noche para que dé comienzo el día,
muera éste,
y llegue de nuevo la noche pero aún más negra si cabe!
¿Quién crees que podría dañar a una mariposa
y menos con una cuchara?


©Hisae 2104



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