Año Nuevo

>> miércoles, 31 de diciembre de 2008


No siento que mueras.
Me volví egoista y no lloraré por ti,
pues,
¿acaso tú sentirás mi muerte?
Mientras,
espero expectante a tu hijo que hoy nace...


CON MIS MEJORES DESEOS DE FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS.


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Soy yo, pero no tuyo

>> domingo, 28 de diciembre de 2008

















Foto: José S. Álvarez


Pintan tus ojos,

vagos recuerdos dormidos en sueños malogrados,

días oscuros en marcadas ojeras que afean tu mirada.

Y tú me preguntas por el calor de un cuerpo ajeno.

Y yo te entrego el abrazo

que guardaba para sagrados encuentros.

Yo soy,

pero no tuyo.

Y mientras permaneces en eternos instantes,

una lágrima negra,

perdida,

recorre tu pálida mejilla para morir en mi hombro.

Admites que yo soy sueño,

y tú, realidad.

Pero la despedida es corta

y el beso largo.


Mientras tanto amanece.

¡Claro que ha amanecido!

Aunque el cielo siga oscuro y las aceras no tengan color.

Aunque el silencio aplaste las calles.

Aunque ni tú ni yo seamos lo que somos.

Yo soy,

pero no tuyo.


Ruge el encarnado esplendor,

jocoso y sediento de unos labios,

desordenada comitiva de caricias

tras la metáfora cortina de tu vientre,

temerarios del instante de irrealidad que nos embarga

otorgado por el desparpajo de una noche oscura y solitaria.

Cede la despedida,

corta,

con beso largo.

Después, hedor. Afanoso ofuscamiento.




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Qué me queda de contar

>> viernes, 26 de diciembre de 2008


















Foto: Armando Caldas

Qué me queda de contar

más que las hojas de un almanaque en paro,

esperando que la luz refleje en tu espalda

si acaso quisiste dormir conmigo.

Y te pido

que de cada siete silencios

dos se conviertan en besos y

tres en poemas de amor.

Te cedo dos si acaso quieres intimar con el diablo

y rezar letanías de amargo dolor,

mientras que a mí me ames con eternos orgasmos

y no olvide nunca la marca de tu olor.


Qué me queda,

si me ahogo entre tus besos y tu mirada me traspasa,

aunque tapen tus rizos cualquiera de tus ojos.

Y sonríes

y me aseguras que despertó tu corazón al encontrarme.

Y me vendes los lamentos a reales

mientras robas emociones,

secuestrado entre las sábanas blancas de una cama,

jugando con la lujuria.


Y te pido

que de cada siete silencios

dos se conviertan en besos y

tres en poemas de amor.


Sonríes mientras fumamos el amor ya consumido,

el sexo consumado

y me duermo entre el coral de cualquiera de tus piernas

esperando, si acaso, el amanecer.





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Cuento de Navidad

>> jueves, 18 de diciembre de 2008


















Fui caminando despacio,

para llegar.

Nunca encontré interesante las prisas.

La verdad nunca es difícil -soñé,

si esa verdad es tal verdad,

y pateas para siempre la mentira.

Cruzando las curvas rectas de una vida,

me cayeron los garabatos de un niño.

Aparté los optalidones de una sucia mesilla de noche,

fregué el vaso,

dejé de beber lo sucio y prohibido,

y me lancé a vivir las mañanas

y dormir y soñar las noches pintadas.

Creí oír cantar a un pájaro,

o quizás las luciérnagas aún no se acostaron.

Corrió desnudo mi interior por lo que aún quedaba vivo

para tonificar mis mohosos pensamientos.

Sentí que el mar me pisaba,

y tomé la mano del niño

que con los ojos más abiertos que un sol me decía:

“quiero ser tu amigo”.


Dicen que hoy era Navidad…



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Gestos

>> domingo, 14 de diciembre de 2008

















Es el proyecto de salvar algún gesto mientras me hablas,

como si de fotografías se tratara.


Te robaré la cara.


Pintarles del color de la gerbera,

ponerlos en agua y regarlos con mi mirada.

Desde que naces hasta que mueres,

me alimentas gesticulando,

te pido besos y me castigas con payasadas.


Creo que te robaré la cara.


Y sonríes y sonrío y te abrazo después,

mientras retozamos la risa en alguna pradera,

de alguna manera.

Te compro las alas para sobrevolarme

y que me mires desde ángulos distantes,

amantes,

que me brillen las canas

si acaso las alumbra el sol,

y me lances suspiros de cercanía,

como hacías antes.


Te inyecto el sedante de mis palabras para dormirte,

y mientras te miro y te admiro

al tiempo que la mueca quedó congelada en tu boca.

Y creo que te deseo,

y poseo el sueño de tenerte conmigo siempre,

aunque alguna vez olvidara dale color

a las fotos de tus gestos.


Recuerda que la primavera también es en diciembre.

Si te vas,

te robaré la cara…




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Retazos de una noche en vela

>> jueves, 11 de diciembre de 2008

Me pierden las largas noches en vela,

donde los fantasmas vienen a jugar al parchís

y cuando la vecina,

desnuda al trasluz de una cortina,

incita a los adolescentes bebidos de tequila barato.


Repaso en la balanza justiciera de la vida,

si las manifestaciones de amor puro

merecieron la pena, ahogado en mi propio semen,

o quizás vencieron los besos fugaces a los ósculos creados por capítulos,

donde ni el frescor ni la sorpresa convencían.


Atiendo las llamadas al número privado de mi alma,

por si acaso en alguna aparece un trocito de ti,

y si no,

haré solitarios para matar el tiempo prestado y que no quiero,

antes incluso de beber los minutos saldados

de lo que me queda por morir.


Me regalas libros infantiles,

acaso sólo para mirar juntos las ilustraciones,

sabiendo que de cada sonrisa nacerá un verso

y de cada suspiro, un lamento.


Mientras los fantasmas juegan al parchís

y la vecina apagó la luz.





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Títulos y palabras

>> domingo, 7 de diciembre de 2008


Sólo son palabras, ideas, maltratos, conspiraciones,

necesidades básicas para una supervivencia,

palabra tras palabra en habitaciones separadas,

un juego,

el juego del amor, las mujeres y la vida.

Ciudades de relatos a una prudente distancia.


Escribo sin saber si existe el destino de las maravillas,

obcecado por tener sin sentir,

sabiendo la dificultad de encontrar héroes.


Quizás fuera ayer y no me acuerdo

cuando escribí sobre mi vida de ignorado,

en aquellas tardes de café

en las que nadie me esperaba en un mes de junio.

Los perros ladraban tras la peste

y yo decidí ordenar ideas.


Suave era la noche para el amador

y que mejor poema que un orgasmo –pensó él.

Y que mejor orgasmo que un poema –me dije yo.


Los tallos verdes ya crecían por Manhattan

cuando el embrujo de mi chabola en el centro de la ciudad

atraía hasta distinguir el sexo de los ángeles.

Tras mucho naufragar,

te esperé en La Habana,

ahora era el momento,

en la isla de las tres sirenas.


Allí dos hermanos

intentaban atravesar el puente al infinito

huyendo de las opiniones de un payaso.


Mientras, miro hacia el mar,

esperando el código de la ciudad de las bestias

para colarme,

o acaso encontrar la llave que me abra el comprenderte.

Mientras, miro hacia el mar,

y permanezco sentado en El Malecón,

que igual podría haber sido un estafador de extranjeros

el que me robara amantes a la intemperie.



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El hombre de las gafas

>> jueves, 4 de diciembre de 2008


Miraba por encima del cristal de sus gafas. Esos ojos me acompañaron todo el trayecto que duró la travesía en coche de una calle a otra. Las historias para crear sobre esa mirada imprecisa se me agolpaban en la cabeza, llamándome para no olvidar esa sensación.

Él era maduro. Al menos ya tenía 60 años. No podría precisar su nacionalidad pero tenía rasgos árabes. Era bajito, muy moreno y con cabellos blancos excepto esa calvicie incipiente. Iba acompañado de una persona joven. Él me miró y así sentí su mirada fijamente mientras conducía. ¿Sentí miedo? No sabría describirlo. Tal vez al refugio del coche sentí curiosidad, aunque quizás no desearía cruzármelo por la calle en una noche oscura.


Curiosamente o por esa extraña sensación de que el señor árabe no era humano, volví a encontrármelo en la siguiente travesía. Esta vez ya eran dos sus acompañantes. Pero, nuevamente, su mirada se clavó en mis ojos, y supongo que mi mirada fue clavada en los suyos. Él continuaba mirando por encima de sus gafas, sus gafas oscuras. Y esos ojos se clavaron con tal fuerza dentro de mí, que no había forma de separar su rostro del cristal del coche mientras seguía conduciendo.


A lo lejos, en mi horizonte más cercano, te divisaba a ti, tu silueta de hembra muerta y hermosa. Verte, era dejar de pensar en el resto de vida que me rodeaba. Eras larga y diáfana y en días soleados ni una sombra te rozaba. Mi mar te alejaba si acaso quería tocarte. Sólo eras tierra y lava, rocío en las húmedas mañanas y alisios los que te despeinaban.

Mientras permanecía sentado en mi playa, contando los metros que me faltaban para alcanzar la esbelta silueta de la isla majorera, apareció él. Y a partir de entonces, no sabría como continuar la historia.


(…)


Hoy soy tierra muda. Una tierra yerma e improductiva. De mis entrañas nacen montañas y me recorren cauces de ríos muertos. No hablo, no podría. Me tragó la boca un manto de lava. Pero me recito mentalmente poemas que otrora aprendí a rimar. Sé que otro momento no fui isla. Pero sólo recuerdo la intensidad de unos ojos.


Dicen, que tengo esbelta silueta visto desde el otro lado del mar…






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El caballo

>> martes, 2 de diciembre de 2008





















Bello, esbelta figura,

cabeza afilada y huesuda,

largas y fuertes patas,

relincha sin tregua asustado el caballo.


En paisaje de regados prados

saltando cauces secos,

intenta alcanzarlo, ella,

preciosa,

sintiendo su aliento cálido y dulzón

que emana de los oscuros orificios de sus ollares.


No, Ana,

no olía la bestia a caballo.

Olía al animal salvaje que siempre fue.


No dejes ni un instante de hablar al caballo,

Ahuyenta ese temor que le invade.


Cogió el ronzal y lo ajustó sobre el hocico.

Mientras, él volvió a cocear.

Pero ambos sintieron esa mirada,

frente a frente,

apagada de malicia.


Le colocó la cincha.

Pasearon juntos.





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El veneno del suicidio más absurdo

>> domingo, 30 de noviembre de 2008


Ayer fue el adiós que no logró llegar a mañana,

pero el hoy permanece en mí como si bebiera aún los grados intensos de tu aliento.

Se rompió porque fue mucho,

fue tanto,

fue tan inmenso amor,

que nos regocijamos ante la idea de vivir para siempre

escondidos en la burbuja de cristal de lo imperecedero.


Se resquebrajó por usarlo incluso en domingos y festivos,

eran demasiadas horas ante un público ciego,

por eso no quiero que esta historia entristezca,

porque ni amé por amar,

ni hoy lloro por haber amado.


Tendrás una isla en medio de mil corazones,

siempre guardarás tú la llave de mi volver,

y ante la simpleza de una hoja cayendo del árbol

será igual el deseo de tenerte,

el veneno del suicido más absurdo,

el ansia de poseerte.



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Poetae

>> martes, 25 de noviembre de 2008


Sólo era el reflejo de mi rostro frente a un espejo que delataba esas ojeras producidas por una mala noche. Este espejo era el causante de mis confesiones, el que escuchaba toda la verborrea que salía y yo no quería oír, a pesar de ser yo mismo quien la escupía. Mil veces labré mi deseo, esculpí mis ganas. Pero la gran torre caía en cada falso soplido, en el paso errado.

Y le preguntaba al espejo, empañado ahora de ese vaho que se hacía con todo el habitáculo:


- ¿Quién es poeta inmundo, que derrama su sangre en forma de tinta, para que pedantes o incultos no entiendan y critiquen extraños sentimientos mal expresados?

- ¿A quién llamó poeta?

- ¿Qué es nuevo o antiguo en unas letras? ¿Acaso un humano sentía diferente en el siglo pasado? ¿Hay formas diferentes en la forma de sentir un poema?


Mi vida es poesía. No quiero aprender de embaucadores que me empapan en palabras.

No me nace aquello que no alimenta.

Le pese a quien le pese, siento –le grito a mi espejo mientras me hace aún más oscuras si cabe las ojeras que envuelven mi mirada. Siento cada día más el poema que me nace.


Él te ha elegido como hermano,

Purificado por el beso de tus labios,

Te ha jurado un amor imperecedero

El invencible genio de la verdad.

Madurada bajo la luz de tu cielo

Centellea la gloria tremenda de la justicia

Y la sublime calma del rostro de los héroes.

El dios se ha consagrado en nosotros como señor.

Friedrich Hölderlin


No te miento si te digo, que las letras son un mundo, donde de una manera u otra, mata, crea o aliña una vida. No me recreo en sueños no natos, tan sólo son las palabras unidas de tal forma para que me entiendas. No leas tristeza cuando hablo de amores, acaso despedidas. Tan sólo lee vida.

El poema inacabado de mi sueño terminó desde el mismo momento que leí el tuyo. Desde entonces, sólo encuentro desvaríos.


Mirando al mar, sueño sin tener qué.

Nada en el mar, salvo el ser mar, se ve.

Pero ¡de nada ver cuánto se sueña!

¿De qué me sirve, ay, verdad y fe?

Fernando Pessoa


Roto el espejo, terminado el vértigo a la rima. Me alejo de esa soledad comprometida, y me siento ante un papel en blanco.

Hoy… quiero escribirte un poema.






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Y me llamas a deshoras, mujer

>> domingo, 23 de noviembre de 2008


Aboceto los corazones de una historia

que imaginé, comenzó y pudo ser,

pero que termina de desigual manera,

con la furia de un cretino

rasgando el vicio por hacerla desfallecer.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para que te calme esos lamentos,

con las manos colmadas de reproches,

en ruinoso decoro.


…y me cuentas,

qué como pudo tanto su orgullo

para herir y maltratar ese corazón que antaño amaba,

y hoy costea tu vida

transitando en palos dolorosos en tu espalda.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para empapar mi hombro amigo,

y le imputas la sangre seca que delata,

doliéndote mi brazo por el abrazo.


…y me cuentas,

que el hombre es menos hombre

hacedor de tan vil encaro,

truhán por besos rojos malditos

por cada vez que te abofetea.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para huir de él por siempre,

con la convicción de una vida muerta,

vivida, herida, gastada.

Pecado, ser mujer.


Prohibido callar

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Celda. Vida. Muerte

>> jueves, 20 de noviembre de 2008



Celda.


En cárceles con barrotes ennegrecidos y muros verdosos cargados de humedad, el cuerpo moribundo se afana en lavar las llagas que fue acumulando a lo largo de historias en vidas que creyó pasadas, pero que noche tras noche se agolpan en su dolor. Acompañadas del delgado rayo de luz que filtra la luna a través de su minúscula ventana, enloquece acostado en su camastro cuando intenta dormitar.

Son los dientes finos y alargados de las ratas, quienes mordisquean sus soledades. Y sus lamentos silenciosos hacen presagiar el final que él tanto ansía.


Vida.


No tuvo vida de galán en la malograda libertad de la que gozó. Mas a veces le consta que reía. Amores tuvo dos, dinero el justo.


Celda.


Sintió que el aire no era suficiente para él y para la luna, que dormitaba junto a su almohada. Le rogó que se marchara. Llorar, ya no lloraba. Tenía secos sus ojos cuando intentó volver a lagrimear.


Celda y Muerte.


Hoy yace un cuerpo muerto y abandonado en el fondo oscuro de esa celda que nadie recordó volver a abrir. Se confunden desde entonces lastimeros lamentos de presos hediondos con el llanto de la luna cuando luce plena.



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La mala vida o los sueños no cumplidos

>> martes, 18 de noviembre de 2008

Quiero dedicarte estos minutos que quedan sin sol, para narrarte momentos de miedos y sueños. Acaso el viento no consiga distraerme.

Encontré la ciudad llena de puentes y gentes, una calle barrida por la lluvia que mojaba las almas a la intemperie.

Yo soñaba con ser un niño cantor de versos celestiales, de esos niños con sonrisas estúpidas pegadas en caras pálidas, virginales e inocentemente pecosas. Quería cantar sentado en una nube, deshojando una tras otra, las hojas de un calendario, para llegar al día de mi gran estreno en el mejor de los escenarios.

Pero, al igual que a María Magdalena apedrearon, así sentí yo la lapidación del inconformismo. Apenas canté canciones en reuniones de amigos abrazados al alcohol mientras desnudaban hasta la última botella.

Siempre mi madre me había advertido que me cuidara de los bosques tupidos de Robin Hoods mentirosos, pues no me harían la vida nada fácil.


Hoy han pasado algunas decenas de años, el cielo no consiguió ser tan azul como antaño y yo me he convertido en un ermitaño sucio, de arrugas en la frente que me recuerdan el paso del tiempo. Soy un solitario personaje de piel tostada por un sol que no distingo, tumbado de continuo entre los granos de arena de la playa más cercana y alejada de unos cuantos conocidos. Ellos no recuerdan a éste que hoy te narra, el que era bien parecido, mayormente bien vestido y peinado, el de los ojos verdes. Aquel que leía estrofas enteras de los papeles que escribían otros y que soñaba con ser escritor de canciones y fábulas que hablaran del amor.

Hoy, con el pecho descubierto y tatuado, con ojos rojos por una vida que me hizo daño, miro al cielo y recuerdo cuando entonces no morían las personas. Cuando lo más triste que pasaba, era perder el autobús.

Hoy tengo miedo. No de morir, pues creo en una gran dama que venga a buscarme.

Tengo miedo al frío. El frío que sienta cuando vuelva a empaparme la última lluvia y no tenga ya el cobijo del desgaste de los malos sueños.






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Una mala prosa escrita en papel higiénico

>> sábado, 15 de noviembre de 2008


Una mala prosa escrita en papel higiénico o Los escritos quemados por una luna demasiado llena.


Dejé unos versos escondidos bajo una piedra, al lado del buzón más amarillo de la calle principal.

Eran panfletos reivindicativos, exigiendo y convocando, tardes de asueto, mañanas azules y noches de lujuria y placer.

Temí que la lluvia borrara la tinta de mis letras, que ríos de noches sin sueño corrieran por las calles, que ancianas paseando a sus cachorros mojaran sus zapatos en mis desvelos y que el tráfico impidiera hacerte a ti llegar mis deseos.

Esperé en el día y hora indicados, bajo un paraguas que resbalaba las gotas sobre mis hombros, e intenté distinguir tu silueta entre la multitud que se agolpaba para beber de los rendimientos de los bolsillos ajenos.

Nunca llegaste. Pero en tu lugar hiciste venir a un mensajero oculto bajo una gorra que le cubría.

En un sobre cerrado y mojado había una nota que decía: “No vuelvas a recitar versos debajo de mi ventana. Usa para ello el buzón más amarillo que hay en la calle principal”.


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Ángel o diablo

>> miércoles, 12 de noviembre de 2008


Me tientan tus palabras cuando me destapan en la mañana,

y me convierto en el diablo que nadie pensó de mí.

Se me ocurren cientos de travesuras con las que dañar tu alma,

miles de olores que dejó el rastro de tu decir.

Cierro los ojos para engañarte

y que sea de nuevo el ritmo de tus letras quien me levante,

y al esfumarte del hueco de mi almohada

transcribo en papeles viejos las sensaciones que me dejaste.

Nunca encontré tinta que expresara exactamente lo vivido,

y si acaso un día fallas en la letanía de tus versos,

auguro tormenta en mi proyectado día.

Te busco,

corro, como nunca, hacia lo que sembraste antaño

y te descubro.

Permaneces entre los millones de granos de arena de mi playa

en silencio,

distante.

Releo las notas de tu diario para intentar encontrar algo que me concierna.

Quizás te dañé demasiado al convertirme en diablo

si acaso tú buscabas un ángel.

Quizás ni siquiera pensaste que tus palabras me dieron vida.





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Laili y Maynun

>> lunes, 10 de noviembre de 2008

Hoy encontré la moneda con la cara hacia arriba, y pensé que era mi día de suerte.

Tomé de mi memoria el papel en blanco y no me tembló la mano al escribir.

Nacieron cincuenta, tal vez cien ideas para desarrollar en el ovillo de las letras, sin saber siquiera si alguna llegaría a desarrollarse.

Vinieron a mí Laili y Maynun, los desventurados enamorados del poema romántico de Nezami. Les puse el nombre shakesperiano de Romeo y Julieta y los trasladé a la ciudad de Teruel para que fueran amantes universales.


Ellos me narraban sus encuentros secretos y yo temí que los escuchara el viento, pues él es el que se los cuenta a los árboles. Recelé al mismo tiempo de la cara oculta de la luna, esa que salpica sonrisas pero desconfía de los soles de la mañana.

Tomé a Laili y le expliqué los peligros que nos acechaban. Aproveché el estupor del cielo al caer la lluvia en cascadas, para proponerles la huida al desierto. Solamente allí estaríamos sosegados, rodeados por el canto de las dunas.

La arena cantaba mientras Laili y Maynun, mientras Romeo y Julieta, hablan de consolidar su amor antes de la toma del veneno que los deje muertos y juntos en la ciudad turolense.


Laila nació princesa, creé en su historia. A Maynun le condené a plebeyo. Se encontraron una tarde luminosa cerca del río.

Sus ojos eran demasiado hermosos para poder volver a dormir –pensó Maynun. Y dedicó sus noches a componerle canciones de amor.


Mis palabras no conseguían destruir la ardiente fantasía, la pureza de corazón en esa apoteosis del amor.

Decidí entonces dejarlos arropados por su amor bajo un cielo tupido de estrellas, prometiendo grabar en la lápida de granito sus nombres entre dos corazones.


Desde aquel instante, lloro lágrimas salpicadas de arena cuando acudo a cementerios. Hay noches que escucho el sarcasmo estúpido de la luna cuando ríe al observar los besos de los enamorados. En ocasiones, las copas de los árboles tocan mi ventana. Quieren sabotear los secretos escuchados a los amantes.

Hoy encontré la moneda con la cara arriba, y pensé que era mi día de suerte.

La suerte a veces, es una conmemoración de lágrimas y penas en una gran tarta de amor.



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Poeta canario

>> jueves, 6 de noviembre de 2008

Dedicado a los poetas canarios que me visitan, a los poetas, a los canarios, al emigrante, a todos, a ti…

Pasos lentos, pisadas ahogadas en tierra yerma,
penas abandonadas en el rodadizo camino
para agilizar un equipaje
de rimas desconocidas y desconsoladas,
lágrimas y semillas olvidadas en tu playa,
tras mareas rojas en noches de calima,
allá, donde el mar no brama.

Gritos,
llantos,
brumas en tardes sin sol
mientras se agranda el camino del destino.
Anillos que desposaron a esposos
que abandonan ahora esposas
en busca de la octava isla Venezuela,
hijos neonatos convertidos en soldados
jugando a la guerra en bosques de laurisilva,
perdiendo los abrazos de su padre poeta.

Poeta canario, desconocido poeta,
emigrante de los alisios…

Silencio en su partida mirando desde balcones,
ahí está su mar,
reposado mar plateado que vio cuantas muertes,
junto a callados navíos anclados.
La mayor sombra busca el cansado caminante
y se refugia bajo el gigante Teide
con una maleta vacía,
para llenarla de tabaibas, palabras, frutos del drago…
y reparar sus pensamientos rotos
en el dolor de la partida.
Claman los silbos gomeros
desgarradores siguiendo sus huellas,
paso firme, poeta emigrante canario.

Poeta canario, desconocido poeta,
llorosa y desdichada dejas tu isla…

Volverás retornando ese camino
a la libertad de tu isla, poeta.
Encontrarás el jable majorero
peinado por sus vientos.
Y clamará la chinija desde la roca:
“tráeme rimas, palabras, algún cuento, padre…”
Ya partiste y seguiste la veleta, canario,
de sur a norte
rumbo a tu segundo mar, de lava.
Al atracar el buque en La Isleta
se escuchará algarabía a tu regreso.
No olvidaste tu rima en la aventura,
de poeta canario,
maleta en mano.

“Y regreso a Timanfaya, mi tierra de secano,
nacido entre lavas,
olvidando mis palabras,
ya escucho el viento que me ha esperado
y entre melodías de timple grito
que mi patria es mi isla, allá donde yo vaya”.

En tu retorno, poeta canario,
chapotea tu mar y cruje el muelle herreño,
cantan los marineros tus poemas en folías,
encontradas las letras bajo las lavas del Teneguía.

Poeta canario, desconocido poeta,
libre eres de volver a la orilla…



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Amor, esa gran mentira

>> martes, 4 de noviembre de 2008


Aprendí que son un juego prohibido,
peligroso,
los amores clandestinos.
Tenías entonces sabor a madera caoba
y te pedí que me regalases lo que dura una mirada.
No quisiste volver a dormir.

Te besé con un beso a traición,
boca cautiva.
Recuerdo tu abrazo.
Temiste que mi beso te impidiera ya partir.

Amor, esa gran mentira.
No supe unir los hilos de los que se compone.

Hoy supe de tus verdades antiguas y oscuras,
me he desposado con el hoy,
enviudé con el ayer
y soy novio del mañana.
He brindado con el vino del olvido,
y lo derramé borracho sobre mi cabeza
para no obsesionarme por el ni te conocí.

Ahora tu amor no me importa,
se agotó esa crisis ya en mi vida,
hoy derramas resina entre tus lágrimas de perdón.

Amor, esa gran mentira.
No supe encararme con la nobleza.

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Deshechos, estancias vacías y olores

>> sábado, 1 de noviembre de 2008


Casto mi pensamiento era,

si viendo tu semblante

imaginaba cantos marineros,

y jamás sentí la estancia vacía, llana,

agolpada de olores en mosaico

de tus amores con amantes.


Adicto a ti,

valeroso ermitaño a tu cripta acudo,

íntegra devoción desde tu promesa

de regalarme el cielo por Navidad.

Desposado y ciego

de orfanato avenido,

imploro justicia

por puta maltratada.





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Ya no peino canas

>> miércoles, 29 de octubre de 2008

Encontré tirado,
en el arroyo de inciertas corrientes
de sangre urbana derramada,
el pedazo de corazón que no me servía.
Hallé a su lado una nota,
mensaje que decía:
sigamos caminos diferentes,
ama a quien te ame,
besa a quien te quiera besar
”.

La corriente se llevó mis penas,
el nuevo día me trajo
el amanecer de más sonrisas,
de latidos ante frescas miradas
y el estremecimiento de roces de pieles ajenas a mi vida.

Hoy vivo lo que dejé de vivir
y no muero aunque lo señalen las esquelas,
bebo del vino añejo guardado,
comparto mi copa,
fluidos y palabras,
escucho, creo
y riego instantes que rejuvenecen
mis canas recién nacidas.

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El espejo

>> domingo, 26 de octubre de 2008


Estaban juntos y a solas, después de tiempo sin soledades compartidas. Estaban juntos en cualquier lugar sin un escenario en concreto. Ya daba igual. En aquel instante demasiado estudiado se podía masticar el adiós.

- Jamás en este tiempo me dijiste que me amabas.
- Nunca miento.

En aquel inanimado escenario de los adioses menos dolorosos, había un espejo. Ese espejo les obligó a mirarse. Era la primera vez en millones de minutos que se miraban a los ojos. Muchas veces, él creyó que el reflejo no podía ser cierto, que sus ojos eran una invención. Aunque hoy, ahora mismo, los tenía delante de su retina.

- No creo que jamás necesitaras que te explicara los besos.
- Nunca supiste besar.

El tiempo pasó sin pedirles permiso y en su amor hubo un cambio sin saber muy bien porqué.
Se levantaron y ambos caminaron pero en direcciones opuestas. Esa fue la última vez que las sombras caminaron juntas reflejándose en el espejo.

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Siempre me gustó

>> domingo, 19 de octubre de 2008


Siempre me gustó,
a pesar de tener una boca sin labios,
enfrentando siempre su persona
delante del espejo roto,
como toro negro y salvaje,
pero siempre me gustó.

Siempre vi a su lado
la luna repartiendo noche y vida,
los lirios florecer nocturnos
¿o eran orquídeas?
eran,
pero siempre me gustó.

Siempre sentí intacto
gotas de lluvia
que se niegan a abandonar mi cuerpo,
esa mirada que nunca llega
porque muere al ser arrastrada cuando llega la lluvia,
pero siempre me gustó.

Siempre me gustó
la nostalgia que trae el pasado,
los adioses que provocan encuentros,
reencuentros,
besos nuevamente en esa boca sin labios,
pero siempre me gustó.

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Esperando en un coche gris

>> jueves, 16 de octubre de 2008


Me duelen
las soledades compartidas,
los momentos creados que se niegan a morir,
los atardeceres sin nubes
y tus ojos que no miran
el destino de tus besos sin amor.

Me duelen
los golpes que recibo
del maltrato de mi vida,
los segundos cambiados por minutos,
la sombra que me niega su cobijo,
sacar el pañuelo para recoger falsos sollozos.

Me duele
que te vengas sin estar yo preparado,
la cumbre del instante de la cópula de amor puro,
los bancos de tres patas
que no sirven para el reposo de mi alma.

Me duelen
los adioses en despedidas largas,
donde las lágrimas se intercambian por lamentos
y los abrazos mueren entre golpes de maletas
y silbidos de tren.

Me duele
el agotar el papel para escribirte
y la tinta de mi pluma…

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Agua de mar

>> miércoles, 8 de octubre de 2008

Nunca llegué a comprender porque las personas que me rodean gustaban hablar bien del mar, cuando siempre lo utilizaron como refugio de llantos. Jamás entendí por que provocó siempre la mayor soledad. No me abarcaba la razón al ver la sangre mezclada con agua, la muerte con lágrimas. Siempre pensé en el mar como el horizonte lejano jamás alcanzable.

Y hoy me dicen que el mar ha muerto, que está seco y no se perciben apenas ni charcos. Hoy me comentan que se acabaron las penas ahogadas en agua de mar.

Hoy mi horizonte es tu horizonte. Y consigo verte en la orilla, sin llorar las desdichas otrora empapadas en paños de agua de mar.

Hoy aseguran que sin mar se acabó la penuria y congoja, la desazón y tortura. Hoy creen haber conseguido un ápice de felicidad.

Estúpidos ilusos que no lloran a ese mar seco pensando en penar en el cielo. Larga demora. Panda de necios que olvidaron los dientes en el fondo, tras el último llanto. Es ahora cuando se les acabó la sonrisa.



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