Y me llamas a deshoras, mujer

>> domingo, 23 de noviembre de 2008


Aboceto los corazones de una historia

que imaginé, comenzó y pudo ser,

pero que termina de desigual manera,

con la furia de un cretino

rasgando el vicio por hacerla desfallecer.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para que te calme esos lamentos,

con las manos colmadas de reproches,

en ruinoso decoro.


…y me cuentas,

qué como pudo tanto su orgullo

para herir y maltratar ese corazón que antaño amaba,

y hoy costea tu vida

transitando en palos dolorosos en tu espalda.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para empapar mi hombro amigo,

y le imputas la sangre seca que delata,

doliéndote mi brazo por el abrazo.


…y me cuentas,

que el hombre es menos hombre

hacedor de tan vil encaro,

truhán por besos rojos malditos

por cada vez que te abofetea.


Y me llamas, mujer,

a deshoras para huir de él por siempre,

con la convicción de una vida muerta,

vivida, herida, gastada.

Pecado, ser mujer.


Prohibido callar

17 comentarios amigos:

Stultifer 23 de noviembre de 2008, 17:52  

Por eso digo yo que a la primera hay que decir basta y no soportar las siguientes. Luego no hay remedio.

Markesa Merteuil 23 de noviembre de 2008, 19:38  

Ningún corazón es capaz de abofetear a quien ama. Otra cosa es creer que se ama y aferrarse a eso como nos han inculcado. Luchar por lo que se supone que es nuestro derecho aunque sea a golpes. Y así nos va; porque nos comportamos en función de lo que nos han contado que es el amor; en función de reglas absurdas. Y nos olvidamos de amar. De realmente amar.

Alfonso Saborido 23 de noviembre de 2008, 21:05  

Cuántas se fueron por no llegar a tiempo, Mario. Cuántas.

Anna 23 de noviembre de 2008, 21:37  

La verdad es una pena que una mala acción, aniquile para siempre la condición de ser mujer.

Porque ser mujer es la mayor y mejor de las delicias, ni tan siquiera me gustaría comprobar lo que se siente al ser hombre, porque siendo mujer me siento completa.

Una simple intención de dar una bofetada, ya es, el principio del fin, sobre todo si te das cuenta de la intención.

Un beso dulce Mario.

© José A. Socorro-Noray 23 de noviembre de 2008, 21:50  

¡NI una muerte ni un maltrato más!

Como decía Gabriel Celaya:

"... Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse...."

No podemos permitir que siga esta debacle. Estamos en la obligación moral de exterminar de raíz este cáncer social. ¡Tenemos que mancharnos!

Un abrazo

Un cura 23 de noviembre de 2008, 22:33  

Preciosa poesía, Mario, como acostumbras, y comprometida, que realmente hace falta. Por experiencia te digo, cada vez es necesario que plantemos cara al hombre que maltrata y a quien le ría la gracia, incluso a la mujer que se deja maltratar (es la peor víctima, tan débil ya que no sabe ni que debe defenderse). Gracias por tu poesía y por tomar partido.

Francisco 24 de noviembre de 2008, 9:01  

Para mi una de las mejores poesías de las que te he leído. Pocas palabras y bien ordenadas para poner y entrelazar todos esos sentimientos encontrados…Hay personas que pueden acostumbrarse a hacer cosas y soportarlas por entender que así les quieren mucho. En ocasiones para no enfrentarse a la soledad y el crecimiento profundo que el cambio de actitud y la reflexión conlleva. Creo que esto último puede llegar a producir más temor que la humillación y el dolor físico que soporta la victima.
Un abrazo Mario
Franc.

Thiago 24 de noviembre de 2008, 10:16  

AH, Mario, lo has publicado en PROHIBIDO CALLAR, jaj es que según lo iba leyendo iba pensando en lo bueno que sería para ese blog... Como siempre, el mismo problemas de siempre.... pero tu, con tu poesía le das ese toque tan especial que lo hace único.

Bezos.

Merce 24 de noviembre de 2008, 14:02  

Me ha gustado much.
Prohibido callar. Sí.
Besos

Cemanaca 24 de noviembre de 2008, 14:22  

Diferente y aclaratoria.
Exquisita en palabras en tan desgarradora realidad.

Saludos conversos.

Cemanaca 24 de noviembre de 2008, 14:22  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
AFRICA 24 de noviembre de 2008, 17:57  

No se que decir que no te hayan dicho ya de tu poema, que es precioso, triste y que es una forma de colaborar a la denuncia de lo que está prohibido callar.

Un beso

Juan Cairós 24 de noviembre de 2008, 18:06  

Cada día me gustan más tus versos, Mario, por dios, por quien sea, ya no eres mortal, estás rozando el infinito amigo!!

"Y me llamas, mujer,
a deshoras para empapar mi hombro amigo,
y le imputas la sangre seca que delata..."

Buenísimo!

Poeta y amigo, un abrazo fuerte!

Anónimo 24 de noviembre de 2008, 18:29  

Chapeau, mon coeur. Era inevitable que lo escribieras. Besos, Piti

SOMMER 24 de noviembre de 2008, 21:36  

al menos ha tenido la inciativa de llamar a alguien. Ojalá todas hiciesen lo mismo.

Bravo Mario. Como siempre post perfecto.

TORO SALVAJE 25 de noviembre de 2008, 7:37  

Que pena y cuánto dolor.

Una lacra terrible.

Saludos.

Hugo Rebelo 25 de noviembre de 2008, 9:49  

maravillosa.
tienes una sensibilidad magnifica!
saludos desde portugal

http:\\coresemtonsdecinza.blogspot.com

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