El MINI de color verde

>> lunes, 26 de diciembre de 2011


La calle de los lamentos se convirtió en plaza multicolor, algarabía, muchedumbre que portaba sonrisas en frascos transparentes para lucir la blancura del cambio.


Él, por fin percibió el olor. Justo después de desprenderse de la sábana que tapaba su cuerpo, le llegó un aroma hasta ahora desconocido.


- ¡Este año quiero oler la Navidad! –se dijo a sí mismo, sin saber siquiera que la Navidad tuviera olores.



Salió, se entremezcló con la gente, se puso unas gafas de sol para proteger sus ojos de la luz y comenzó a caminar sin rumbo alguno.


No se percató del coche que venía.


Un MINI de color verde le atrapó.



Cuando despertó, sintió mucho calor. Continuaba con las gafas de sol puestas, tapado apenas con una sábana y con un conato de silencio a su alrededor. Conato, porque no se oía voz humana, aunque los tubos de no sé qué cosa emitían un murmullo constante. Encima de la mesilla, tres libros.



Al rato entró y le preguntó:



- ¿Ya despertaste? El mundo ha dejado de evolucionar desde que callas. Y yo, sin tus palabras, sólo encuentro sosiego en el alcohol. Ahora, sonríeme y empecemos de nuevo. Al fin estamos juntos.



Nunca fue consultado, pero entendió que era la única manera de desaparecer y comenzar una nueva vida.



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Ya es Navidad

>> viernes, 23 de diciembre de 2011


Último día de trabajo antes de NAVIDAD. Besos entre todos: chicos a chicas, chicas a chicas, chicos a chicos. Muchos abrazos. Era momento de felicidad.



Uno se entremezcla con los compañeros, escucha e incluso siente lo que entra a sus oídos. Hay todo tipo de comentarios. Unos felices. Otros menos.


Hay gente que la miras y percibes que la NAVIDAD es algo hermoso, y ves dibujar sus sonrisas más amplias que nunca.



Una compañera ha repetido varias veces su felicidad porque hoy volvía su hijo. Más de una comentaba su menú de Nochebuena. Otros estaban más solos, pero no menos felices. Alguno la tendrá que pasar en el hospital porque ingresaron a su suegro…. Y los menos, supongo que pudieron disimular y hacer ver que la NAVIDAD también iba con ellos.



Sea como fuera, les deseé unos felices días. Me gustó compartir esas risas, esos cánticos, esos dulces típicos conejeros, ese compañerismo.



De igual manera, hoy os deseo a todos vosotros alegría y salud.



¡FELIZ NAVIDAD!




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Nunca amé a desmano

>> domingo, 11 de diciembre de 2011

Nunca amé a desmano, a deshoras, por acoso o por recelo.

No sabría.

No habría de importarme lo que pensaran otros

si no era cierto.

Este sol que me deprime,

este encierro…

Estoy seguro que podré con él.

Y mientras tomo el descaro de los que miran

y les saco la lengua

mientras pienso en tu desnudez

y como caía la sabana que rodeaba tu cuerpo.


Incorpórate –me dijiste.

El café ya está listo.

Mójate los labios en él, bésame e inúndame de mañana.



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Salpicado de letras

>> domingo, 4 de diciembre de 2011


… te escribo

el verso que tatúo en tus labios

y temo ahogarlo con mi pasión.

Y si besarte implica mancharme de letras,

rimaré poemas

y dejaré mi cuerpo empapado en ellas

y mis frases serán tú,

para

y por ti.

Y destrozaré las sílabas

si no encuentro tu beso

salpicado de amoríos.

Y tendré

muertas las ganas sin poseerte

por que la victoria tuvo su precio.



… te escribo

el verso que soñé durante años

y creo asirlo hoy con las manos.

Porque encontrarte fue gozar

de las camas a deshoras

y de besos en desuso.

Te tengo

en forma de poema,

al calor de las letras

que gritan

junto al corazón.

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Busco tus huellas marcadas en nuestra distancia

>> viernes, 25 de noviembre de 2011


Busco tus huellas marcadas en nuestra distancia,

tus pasos

que quiero sentir cerca.

Equivoco voces, gestos, apenas miradas,

techo alto

sobre una cama deshecha,

niebla en la noche confundida con el humo del cigarro.

Cubro tu cuerpo desnudo con la desnudez del mío

protegiendo a deshoras las horas que restan para el desagravio.

Duermes mientras pienso

y me empapo una vez más de tu desnudez.


Ahora sí,

busco tus huellas marcadas en nuestra distancia,

borro el adiós con alcohol

mientras comprendo que el viaje a La Alcarria sólo fue un sueño.

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Algo grandioso

>> martes, 22 de noviembre de 2011


Lo bueno de los sueños,

es que nadie encuentra espejos en ellos,

aunque sin espejos

cada vez son más cortos estos sueños.

Y hoy, en mi breve sueño,

el alma no necesitaba cirugías,

ni anestesia para el corazón.

En mi sueño,

tocaban a mi puerta

y al salir,

el librero me entregaba un ramo de poemas

sin derechos de autor.



Esta mañana desperté

y los poemas empapelaban mi alcoba.

Me consideré el as de picas

con la medalla de oro al triunfo

y el código de la inmortalidad en la frente.

Y como tal salí a la calle

y me miraban,

y yo siempre sonriendo

recité el poema más bello del mundo.



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No existe el mar si ambos tenemos alas

>> lunes, 14 de noviembre de 2011


No me pesa

que interpretes mis sueños

si me das dos de las tres razones que tienes

para que mi mañana sea la más feliz de las mañanas.

Dame de beber

cuando te pida que me agarres de la mano,

y si tengo sed

dobla conmigo las esquinas si piensas que me he de perder.

Beberemos juntos nuestras pasiones.


¡No me angustia!

No, no me angustia

si sé que comienzas de nuevo a mi lado.

¡Ahora comprendo que no existe el mar

si ambos tenemos dos alas!

Por ello oteo el horizonte

esperando la llegada primero de tu sombra,

de tus besos, después.

De tu persona, mi regalo.


No me pesa,

que las palabras las leas sin sonidos

si escuchas el ruido de mi corazón cuanto estoy entre tus brazos.

No me duelen los ojos

si cuando lloro es de alegría,

si verte es el noveno de los diez instantes de felicidad.

Es bueno saber que

no existe el mar si ambos tenemos alas.


¡No me angustia!

No, no me angustia

el tiempo de espera

si mueren los relojes cuando te tengo,

si cuando anochece, la noche dura lo que ambos queremos,

si el día vive porque nosotros vivimos

y no vivimos por el día.


¡Ahora comprendo que no existe el mar

si ambos tenemos dos alas!

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Bajo la sombra de un ancla

>> jueves, 10 de noviembre de 2011


Volvió de regreso al puerto, caminó hasta el ancla y permaneció bajo su tímida sombra por si acaso tomaba él la decisión de retornar.

Sacó de la mochila gris el libro que le regaló y leyó el final una y otra vez, hasta aprender de memoria la longitud exacta de su querer.

Apenas levantaba la vista de las páginas. Sólo lo hacía si intuía el movimiento de un coche o volaban las gaviotas sobre los mástiles de los barcos amarrados a su noray. Tal vez lloraban o tal vez reían, pero sus gritos le hacían mirar siempre hacia el cielo.



La primera noche sintió frío. La segunda, apenas. Las siguientes, no lo pensó…



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El sueño de querer y no poder

>> martes, 8 de noviembre de 2011


Es el sueño de querer y no poder,

de no ser y aparentar,

de despertar a destiempo

y comprobar que ninguno de los besos eran ciertos.

Es el tener y no poseer,

el desconcierto de acumular vivencias en una caja de secretos

y romper la tapa al intentar abrirla.

Es el rematar el día con puntos suspensivos

por no tener la valentía de completar las frases,

con el llorar por el miedo a sonreír,

por el callar y dañar a la palabra.


Es pecar por inoportunidad,

concebir sin gestar,

manchar un cielo sin ángeles.

Es dudar si vivir o morir,

si abrazar o despertar,

si temer por permanecer.

Es el sueño de una vida que no existe,

el temor a la realidad

el estirar la mano y no asir,

el decir adiós a deshoras.


Es pensarte y penar por ello,

quererte y no poder,

por tener siempre que agonizar.

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¿Acaso no confías en el mañana?

>> jueves, 3 de noviembre de 2011


Juegas con la realidad,

sabiendo que esto es solamente cosa de dos.

Pintas un cielo que no tiene luz

por llegar la noche demasiado pronto.

No caminas descalzo por las calles

temiendo encontrar muchas esquinas,

y mientras,


creas mentes prodigiosas

que rebuscan en contenedores de basura,

tanteando ¿qué?

¿Acaso no confías en el mañana?

Para una vez que ella robó los días,

se encubre de oscuridad.

Y tú,

ladrón de tantos y tantos instantes de sol,

disfrutas

de los rayos de la eterna primavera.

No destruyas lo creado

con mensajes subliminales,

cuando podrían quedar las sesiones de charlas sin acusaciones.

Quédate con sus risas,

si alguna vez existieron,

y evita el destierro a su propio invierno.



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Borboleta

>> martes, 1 de noviembre de 2011


Hay siempre un saber

y hay siempre un huir.

Huir sabiendo por qué sucede,

y siempre que sucede igual pasa lo mismo.

Se delata la verdadera historia de una despedida,

sin lágrimas, sin abrazos,

creyendo que cuenta con la compañía del silencio,

matando a los trajines de la mañana,

dejando migas

para que sea una huida controlada.


Vuela,

vuela borboleta.


Hay siempre un saber

aunque se oculten las realidades.

Frecuentar los antros más oscuros,

bebiendo alcohol a escondidas,

matar besos que ni saben.

Hay siempre un saber

y una razón.


Vuela hoy, borboleta,

con la más coherente estética

y tu delicada trayectoria.

Huye,

deja tus razones entre flores ya marchitas.


Vuela,

vuela borboleta.

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La finca

>> jueves, 27 de octubre de 2011


Extremadamente dañino hasta dar caza al animal,
que por las noches rondaba tras las cancelas de la finca.
No aulló, ni gimió,
tan sólo miraba fijamente.
Sus ojos ilustraban la amenaza.
Le había buscado repetidamente
y hoy lo tenía entre mis manos.
Ya no habría más noches con antorchas,
ni desvelos,
ni juramentos.
Ya no resbalaré una y otra vez.


Tengo una finca sin nada dentro.
Ahora mis noches se parecen más a un libro sin letras.
Los ojos en blanco
sin esperar a nadie.
No tomo café por los desvelos,
pero ni aún así duermo
pensando en que vuelva el animal que dí caza
mientras rondaba cada una de las noches.
Extraño su mirada fija,
sus ojos amenazantes.
Las noches son más oscuras sin antorchas.


Lo único que tengo son los desvelos
y una finca sin nada dentro.

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Las zapatillas

>> domingo, 23 de octubre de 2011


Era el otoño más extraño que recordaban en la zona; era un otoño seco, caluroso, anómalo por que sí. Las noches estaban preciosas, hubiera o no luna. Los insectos aún emitían sus particulares ruidillos como si del estío se tratara.


Para ellos dos era una noche muy particular, una noche especial. Una noche que habían diseñado desde hacía mucho tiempo.


Aunque los dos sabían que era su última noche juntos, muy dentro de ellos mismos, la esperanza de estar unidos por siempre, permanecía asida al alma. Pero si esa realidad tan evidente no daba un giro en el último momento, sería el adiós más lastimoso que jamás hubieran conocido.


Cada uno por su cuenta, decidieron hacer de esa noche, la más especial de las noches, sin importar el grado de brillo que tuviera la luna si acaso la había, sin percibir el frío o el calor, sin percatarse del cansancio. Sólo ellos, juntos, abrazados, y contándose todo aquello que quedaba pendiente por decir tras tantas palabras escritas y ya dichas, y que cada uno por su parte, aún necesitaba hacer saber.


El paseo, curiosamente sin mirar al cielo, ese que tantas veces fue el celador de sus palabras, era el preámbulo de lo que sería la noche. Un aire fresco al fin, lo suficiente para ponerse una chaqueta y para que se cogieran por los hombros. Unas sonrisas entremezcladas con las palabras, ligeros empujones cómplices. Pasos de dos en dos, miradas,…


Y esa cama enorme que les esperaba de regreso, como la más fiel copartícipe de ese olor a amor que quedaría horas más tarde entre las sábanas blancas. Esa cama que no debió de ser testigo de esos lamentos que nacieron antes de lo esperado, esas lágrimas provocadas por el desconsuelo de una retirada, de un adiós programado. Esa cama, que sólo dejó de rozar los cuerpos cuando ambos fumaban desnudos en la terraza, tratando de ver las liebres color avellana. Nunca permitió la noche que las vieran.



La mañana siguió el calendario correspondiente y nació otoñal. Los cielos encapotados invitaban a las señoras a salir con el paraguas a la calle. Los menos, se abrigaban en silencio con sus recuerdos. Las miradas cabizbajas seguían la trayectoria de los bordillos de las aceras hasta llegar al coche verde que les llevaría de vuelta hasta el ancla, esa ancla que adornaba el puerto en forma de noray.


Bajarse del coche, quizás no fue lo más acertado. Tal vez debería de haberle asido la mano y decir con la mirada que siguiera el camino, que no se desviase al puerto. Pero fue cobarde. Siempre se consideró cobarde.


Cuando notó el ruido del motor al ser pisado por el acelerador, miró hacia atrás y comprobó que nadie le retenía. El coche salía del puerto, quizás con la mirada en el retrovisor, viendo por última vez el ancla.


Al llegar a casa, las zapatillas nuevas que le había comprado estaban allí, esperando ser usadas. Para él, una de las formas de sentirse confortable en un lugar era con sus zapatillas. Las zapatillas representaban el llegar al calor del hogar, el descanso. La compañía.


Aunque siempre supo que regresaría solo, compró esas zapatillas por si un cambio de última hora hiciese que regresaran juntos.


Abrió su maleta y sacó el libro, los calzoncillos, los recuerdos y junto a las zapatillas, lo tiró todo junto a la basura.



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Te falló la sonrisa

>> jueves, 20 de octubre de 2011


Te falló la sonrisa,

maltratada con unos abrazos casi vacíos.

Quise buscar la dirección de tus ojos,

pero era una mirada perdida.

Ahora cambia el ritmo de mis lágrimas

al recordar noches sin sábanas,

rastros de olores,

gritos sin pasión.


Te falló la sonrisa

la vez que tomé tu mano para besarla.

Bebiendo de un vaso vacío

dejaste la marca de tus labios.

Tomé el cristal y lamí

aquellos besos que no me dabas.

Mis noches eran desvelos,

la ventana no tenía cortinas.


Te falló la sonrisa

cuando nos miramos al espejo.

Señales de adioses provocados por despedidas,

flores marchitas en la mesa,

facturas sin pagar,

gotas de lluvia

y yo solo en la calle mirando tus zapatos.



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Si me quieres conocer

>> martes, 18 de octubre de 2011


Tengo alma,

limpia y gemela de mi corazón.

Rezumo amor pero no lo exhibo.

Lloro cuando estoy solo

y pretendo que el mundo me vea sonreír cuando estoy en sociedad.

En ocasiones,

invento canciones que hablan de vidas ajenas,

otras,

me canto mi propia edad.

Miro al cielo por la mañana

y si no me gusta el color,

lo pinto de arco iris.

Me comporto como un payaso

cuando el dolor puede más que mi cuerpo;

así ahorro en aspirinas.

Si acaso digo que amo,

AMO;

si me oyes decir que odio

es que estoy mintiendo.

No concibo la vida sin poesía;

incluso en el telediario más crudo

escucho versos de hambre.

Sueño en rimas

y vivo en prosa.

Sé que existo

porque me rodean maravillas.

Y tengo claro que cuando muera

el mundo será distinto sin mí.



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Cuando el cielo amanece dolorosamente azul

>> lunes, 17 de octubre de 2011


El cielo amaneció dolorosamente azul. Así eran los cielos de octubre, donde el sol calentaba mientras una sombra no se interpusiera en nuestro camino.


Las noches eran rabiosamente oscuras.


También es cierto que aquellos ojos miraban esos días de distinta manera. Su vida giraba en forma de palabras, palabras y más palabras. Ni una sola mirada, ni un solo roce existía. Pero esas palabras le llenaban. Es más, anhelaba recibirlas. Incluso en la noche, aunque eso supusiera un desvelo.


Y mientras tanto, él no paraba de mirar al cielo.



Una noche le ocurrió algo insólito y que no se atrevió jamás a contar. Él era consciente que sus ojos estaban despiertos, aunque la mañana llegó cargada de dudas. El caso es que durante su sueño, le persiguió el color. Decenas, cientos de bolas y líneas de colores, se daban forma ante sus ojos.


Creyó volverse loco.


Tal vez fue porque durante esa noche nadie le habló.



Oyendo el traqueteo de sus pensamientos, llegué a deducir que sufría de pereza intelectual. No era el mismo. Quizá estaba empachado de palabras, quizá le faltó algún color. Quizá ni siquiera era octubre.



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Tormenta

>> miércoles, 5 de octubre de 2011


Abrí la ventana demasiado pronto,

y había comenzado la tormenta.

Apenas me dio tiempo a retirar la cortina

y su sombra ya aparecía entre las gotas de lluvia.



Cerré el pestillo

pero ya era demasiado tarde.

Su olor había quedado dentro.

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Lloro

>> sábado, 1 de octubre de 2011


Lloro con las historias de amor entre muertos y vivos, los visionarios y los más ciegos, que sabiendo reniegan de la hermosura del amor.



Lloro, por tener que ver abrazados cuerpos unidos a escondidas, copulando entre arenas de playa, mojados por esas olas de mar que avanzan sin avisar y trepan por los costados.



Lloro, por haber estado más de una vez en tu cama y tener que morder mi lengua por no narrar lo sentido. Por agrandar con más silencios mi caja de secretos hasta creer que se haría añicos sin empujaba mis desvelos.



Lloro por extrañar ahora todo aquello que me diste y ya no tengo, por saber que nunca más será mío, y por dudar si acaso alguna vez sentiste o tan sólo aparecí por casualidad.




Lloro, por que la vida no es como yo quiero, por los gritos que tengo que ahogar y por las risas que finjo cuando te veo. Por las cosas que me pierdo por no estar contigo, por las cosas que tengo y no sé utilizar, por las mañanas que amanecen y yo me pierdo.



Lloro por ser un revolucionario de mi propia vida, por inconformista, por mentiroso y generoso, por querer sin recibir correspondencia, por tener y desperdiciar, por desear lo prohibido, por creer en el morir por amor.



Lloro por nacer con picos de sensibilidad, por tener corazón, ojos y oídos, por querer estirar más los brazos y quedarme corto, por cojear en cada uno de mis paseos.



Lloro, por los olores que me pierdo, por todo aquello ya no existe, por lo no nato y por lo consentido.



Lloro, por no dejar secos mis ojos, por dormir cada noche con la soledad y despertar con el desconcierto. Por desayunar mis propios miedos y pisar los sueños.



Lloro, por que si no lloro muero.



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Mi despedida a José Luis Martín Vigil

>> domingo, 25 de septiembre de 2011


Hoy quiero rendir homenaje a un amigo. Hoy quiero dar mi público adiós a un ser querido: José Luis Martín Vigil, escritor.


Quiero rendir homenaje a ese hombre que ha muerto en silencio y que nadie en nuestro país ha sido capaz de dedicarle unas páginas en su periódico, en los noticieros. Una persona tan célebre otrora y que, a pesar de dejar un extenso número de libros publicados, ha sido ignorado por esta sociedad nuestra en sus últimos años e incluso para dar la noticia de su muerte.


Quisiera conocer más palabras aún no dichas para dedicarle Yo a José Luis, para que supiera todo lo que él significó para mí.


Mi adolescencia estuvo marcada por las palabras que leía en sus libros. Él fue el único que me ayudó sin saberlo. Sus libros fueron mi refugio en esa difícil época de mi vida.


Y fue cuando terminaba mi treintena cuando al fin hablé con él e iniciamos esta apreciada y querida amistad.


Soy feliz de haber leído todos sus libros incluso los no publicados, soy feliz de haber formado parte de su vida. Y soy feliz sabiendo que al fin descansa.


Fue en marzo del 2009 cuando José Luis Martín Vigil y yo escribimos juntos en este blog: “¿Quién me dijo que éramos nosotros dos?” que os invito a recordarlo.



Y fue al final de su vida cuando, apenas ya sin fuerza, me mandaba mensajes tan tristes de despedida como los que copio a continuación:



- Sigo como la víspera. Esto también puede ir para largo. Nadie lo sabe. Yo me preparo para lo que venga. En esto de la muerte, como en todo, Dios es mi padre y tiene mano en el asunto.


Marito, un día irás a Dios como verás que intento hacerlo yo y te estaré esperando, si llego al cielo ante que tú.



.- Querido chico mío.

El despojo que voy sufriendo en todas las cualidades que un día disfruté es evidente. Sufro al padecer, no te lo diré pero escribir es padecer. Aquí si que podría decir Larra que escribir es llorar. Pero en esta vida cada cual debe asumir su ración y yo con la ayuda de Dios lo llevo bien.



.- Mi agonía será larga, penosa y no fácil. Seguramente venderé caro mi pellejo. Cada vez el acoso es más agudo, pero siento que mi salud está fuertemente instalada. No hay ninguna razón para los silencios más que mi debilidad, mis alucinaciones por las 25 pastillas diarias.

No te afijas Marito, esto estaba previsto y yo soy muy fuerte. LO IMPORTANTE ES QUE SEPAS que te quiero de verdad.






José Luis Martín Vigil (Oviedo 1919 - Madrid 2011) Escritor español. Licenciado Filosofía y Letras, Humanidades y Teología, cultivó fundamentalmente la novela. Deja títulos como: La vida sale al encuentro, Sexta galería, Réquiem a cinco voces, Un sexo llamado débil, Muerte a los curas, Cierto olor a podrido, El rollo de mis padres, Doce indeseables, El faro de barlovento, Un tal Marcos, Mi nieto Jaime, Habla mi viejo, Beatriz un caso aparte, Tres primos entre sí, Yo, Ignacio de Loyola, Iba para figura, Me llamo Tolo… y tantos más.



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Lo nuevo que nos reclama

>> domingo, 11 de septiembre de 2011


Quedaron restos de mí en las sábanas blancas,

descuidé huellas.

Persistieron mis olores,

el beso de despedida

y la promesa de otro día juntos.


Papeles que se escriben pero que nunca se leen,

risas en ocasiones

aunque la noche traiga confidencias.

La vida en sí… Nada parece nuevo.

Sólo es nuevo para ti y para mí

que vemos amanecer entre letras y nunca entre besos húmedos,

que sólo nos quedan las cajas de los secretos

en vez de grandes manifestaciones,

y que las buenas noches

son de dudosa transparencia.


Mientras,

voy acumulando sensaciones

que me indican que todo está muy vivo.

Recojo las llaves que encuentro cada día bajo el geranio

y prometo volver.

Y pienso en la figura de una mantis religiosa,

que erguida,

leal a su posición

y demoledora del amor,

mantiene la incógnita de un mañana

que se augura eterno.

Me fijo en ella.

Quiero tocarla,

aunque temo perder la cabeza

si acaso ya no la perdí.

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Un rostro de mujer

>> viernes, 9 de septiembre de 2011


Te presto mis ojos,

si un día decides que la luz no llega a tu vida

y que el blanco y negro pincela cada uno de los suspiros.

¿Qué te queda

más que marchar y vivir de lo que sueñas?

Un mundo enorme se te adelanta.

África sedienta cobija a sedientos,

una tierra yerma,

un árbol que no termina de crecer

junto al llanto confundido con el trotar de los caballos.

La oscuridad del que se queda en el camino,

y la piel enroscada en la zarza

dañan al ojo seco que se niega a cerrar.

Camina delante si acaso aspiras a más,

si crees que la forma de rostro de mujer te da cobijo.

No escuches a los que te hablen de la muerte.

Tan sólo sé valiente

y cuéntame

de cuántos colores dispone ahora tu vida.

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Esto no es poesía, estúpido

>> martes, 6 de septiembre de 2011


¿Cómo gritarte lo que te quiero?

¿Cómo hacerlo?


Esto no es poesía, estúpido.

Es un sentimiento. Una realidad.


¿Cómo nacer de nuevo sin el dolor previo a una muerte,

cómo decirte las cosas sin volver a fracasar?

¿Cómo sentir que un día te tuve

si no fuiste el instante de un recuerdo

si acaso imploro olvidar?


¿Dónde fueron los delirios de una noche,

dónde los gritos de la pasión?
¿Qué quedó de unas sábanas manchadas,

de unas lágrimas, hoy secas,

de tan ardua despedida?


¿Cómo gritarte lo que te quiero?
¿Cómo hacerlo?


¿Cómo dejar de sentir que eres parte de una vida,

una sombra sin sol que la mate,

una presencia,

un día con su noche,

el reloj que no para,

el dolor sin herida?



¿Cómo gritarte lo que te quiero?

¿Cómo hacerlo?


Esto no es poesía, estúpido.

Es un sentimiento. Una realidad.


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Inventando un mundo

>> domingo, 21 de agosto de 2011


Había una vez un mundo

que conjugaba los verbos en subjuntivo

haciendo rimas con infinitivos

mientras sorbía café en barras de bar.

Los cielos no los inventaron hasta más tarde

cuando hartos de combinar colores

trastocaron

sol con hierba, mar con arena,

y como resultado apareábanse

dos ángeles flautistas

que con sus aleteos cantaban coplas a dios.


Tratando de leer novela negra

un pájaro se sentó en mi hombro y dijo

que,

o le llevaba en brazos junto al océano,

o me importunaría en mis próximas treinta noches.

Embarcados en mi canoa

le enseñé el horizonte entre las olas,

y pudo comprobar el ave

como el mar era del color del antojo de los ángeles.


Así,

entre continente y continente,

analicé al amor.

Y después de sufrir decepciones y desvelos

me di cuenta que,

el hombre es el mejor amigo de la tortuga

pues refugiado en su caparazón,

es capaz de sucumbir al engaño que el propio hombre provoca.

Calla, y déjame dormir.


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