Biografía de un fracasado

>> domingo, 8 de abril de 2018


Los melancólicos sólo gustan cuando tocan la guitarra  -le decía a ella cada tarde mientras se retiraba el flequillo de la cara, pero era incapaz de dar tres acordes seguidos cuando estaba en compañía. Sólo era amado por segundos y por desconocidos en la boca del metro, al rasgar su vieja guitarra y si acaso las monedas sonaban en su caja de cartón al caer.
"Las mujeres se visten de negro cuando piensan en matar" fue el título de su primera novela. La segunda no tuvo título ni cuerpo ni un final. Era como si el autor hubiera muerto por alguna de esas mujeres.
Su único gozo -pobre- era el  producido por los bastoncillos de los oídos  cuando se los metía tras la ducha.
Se sintió gato muchas veces gracias al Orfidal, pues realmente era quien le salvaba la vida. Ni mujeres, ni guitarras ni dos duchas al día le era suficiente como para pensar que vivir era algo hermoso.
Aparecer en la publicidad de tu vida hubiera sido un sueño. Tan fracasado era que con eso solo le hubiera bastado.
El único conato de  amor que conoció le desprendió los dientes y los fue dejando como migajas para que las encontrara el príncipe de su adolescencia que tanto amaba en sueños hasta que despertaba. Sin dientes se quedó, sin ganas y sin nada. El último Orfidal se había terminado la noche anterior, se había liquidado ya siete vidas y las tres vecinas del descansillo se presentaron por la tarde enlutadas para traerle torrijas.
¿Acaso le quedaba algo ya? No le mereció la pena haber nacido.
©Hisae



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María Magdalena

>> lunes, 26 de marzo de 2018

Era María Magdalena puta reconocida,
deseada y endemoniada,
-no olvidemos que Cristo echó fuera siete demonios de ella-
y finalmente santa.
La puta Magdalena -la santa Magdalena-
dejó el Calvario para comprar un perfume,
no para ella,
sino con el fin de preparar el cuerpo de Cristo tras su calvario.
Así se hacen los santos,
así era María Magdalena.
¿Y qué fue de María Magdalena,
si cuentan que tuvo hasta siete hijos con el nazareno,
-si acaso eran de él,
por lo de puta, digo-?
Es María Magdalena santa de altar,
o santa en su casa,
bien vista y protagonista
de tantos versículos escritos
pero no alzada jamás en las andas de Semana Santa.
Buena María Magdalena,
santa ella, puta también,
pero querida
venerada y siempre recordada
más en Cuaresma,
por lo del ayuno, también digo.
©Hisae

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Una vida sin grapas

>> domingo, 4 de febrero de 2018


Maldición, ¡va a ser un día hermoso! ¡Este será pues un cuento hermoso!
¡Bienvenido a mi casa! Cantemos salmos, amigo extraño.
Pero has de saber que en mi hogar no existen las grapas. Las grapas rompen, unen lo que no nació para estar unido, mata la libertad dejándola agujereada.
Una vez entendido, ¡entra a casa, ánima perdida! Ponte cómodo y charlemos. ¿O acaso todo este tiempo que has permanecido arrodillado ante mi puerta no era para charlar? ¿Deseas algo que no intuyo? Pues perro no pareces...
Entiendo que una vida en la calle no tenga las comodidades como las de estar recostado todo el día en una confortable nube, siguiendo en directo los acordes de arpas vecinas. Pero has de entender, que siempre eres el primero en conocer el estado del tiempo y si acaso nieva, la calle es tuya, muchacho.
¿Sabes? Un día encontré un beso roto guardado en una caja y no recordaba de quien fue esa traición. ¡He sido siempre tan malamente besado! Tanto, que cada vez que alguien se acerca a mi puerta, como se ha dado el caso contigo, me pongo a temblar por si acaso me piden un ósculo de bocas desconocidas. No me creas pedante, extraño mío. Yo tampoco tuve una vida fácil, siempre camuflado entre papeles y vestido con corbatas absurdas que jamás conjuntaban con mis ojos. Pero ¿acaso se nos permite quejarnos? ¡Jamás! Cada uno carga con su cruz, aunque la mía haya sido siempre de cuatro brazos y no de madera, sino de acero inoxidable... Porque como dice Covi, mi médica, soy un tipo raro. Raro pero encantador, le contesto yo siempre.
Ahora, te dejo porque he de salir un instante. Te dejo toallas y sábanas limpias, por si acaso decides quedarte a dormir. Si lo deseas, también hay comida en la nevera, pero por favor, ¡no toques la grapadora que hay encima del aparador! ¡No funciona!


©Mario M. Relaño 2018

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