Algo grandioso

>> martes, 22 de noviembre de 2011


Lo bueno de los sueños,

es que nadie encuentra espejos en ellos,

aunque sin espejos

cada vez son más cortos estos sueños.

Y hoy, en mi breve sueño,

el alma no necesitaba cirugías,

ni anestesia para el corazón.

En mi sueño,

tocaban a mi puerta

y al salir,

el librero me entregaba un ramo de poemas

sin derechos de autor.



Esta mañana desperté

y los poemas empapelaban mi alcoba.

Me consideré el as de picas

con la medalla de oro al triunfo

y el código de la inmortalidad en la frente.

Y como tal salí a la calle

y me miraban,

y yo siempre sonriendo

recité el poema más bello del mundo.



2 comentarios amigos:

Anónimo 23 de noviembre de 2011, 8:10  

Despertamos de un sueño para entrar en otro...
Franc.

José Alberto Socorro - Noray 26 de noviembre de 2011, 19:48  

Me recuerdas a los célebres versos de Edgar Alan Poe

Todo lo que vemos y parecemos
sólo es un sueño dentro de otro sueño



Sigamos soñando.


Un abrazo.

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