El hombre de las gafas

>> jueves, 4 de diciembre de 2008


Miraba por encima del cristal de sus gafas. Esos ojos me acompañaron todo el trayecto que duró la travesía en coche de una calle a otra. Las historias para crear sobre esa mirada imprecisa se me agolpaban en la cabeza, llamándome para no olvidar esa sensación.

Él era maduro. Al menos ya tenía 60 años. No podría precisar su nacionalidad pero tenía rasgos árabes. Era bajito, muy moreno y con cabellos blancos excepto esa calvicie incipiente. Iba acompañado de una persona joven. Él me miró y así sentí su mirada fijamente mientras conducía. ¿Sentí miedo? No sabría describirlo. Tal vez al refugio del coche sentí curiosidad, aunque quizás no desearía cruzármelo por la calle en una noche oscura.


Curiosamente o por esa extraña sensación de que el señor árabe no era humano, volví a encontrármelo en la siguiente travesía. Esta vez ya eran dos sus acompañantes. Pero, nuevamente, su mirada se clavó en mis ojos, y supongo que mi mirada fue clavada en los suyos. Él continuaba mirando por encima de sus gafas, sus gafas oscuras. Y esos ojos se clavaron con tal fuerza dentro de mí, que no había forma de separar su rostro del cristal del coche mientras seguía conduciendo.


A lo lejos, en mi horizonte más cercano, te divisaba a ti, tu silueta de hembra muerta y hermosa. Verte, era dejar de pensar en el resto de vida que me rodeaba. Eras larga y diáfana y en días soleados ni una sombra te rozaba. Mi mar te alejaba si acaso quería tocarte. Sólo eras tierra y lava, rocío en las húmedas mañanas y alisios los que te despeinaban.

Mientras permanecía sentado en mi playa, contando los metros que me faltaban para alcanzar la esbelta silueta de la isla majorera, apareció él. Y a partir de entonces, no sabría como continuar la historia.


(…)


Hoy soy tierra muda. Una tierra yerma e improductiva. De mis entrañas nacen montañas y me recorren cauces de ríos muertos. No hablo, no podría. Me tragó la boca un manto de lava. Pero me recito mentalmente poemas que otrora aprendí a rimar. Sé que otro momento no fui isla. Pero sólo recuerdo la intensidad de unos ojos.


Dicen, que tengo esbelta silueta visto desde el otro lado del mar…






11 comentarios amigos:

Francisco 5 de diciembre de 2008, 11:06  

Miradas profundas, transparentes, alegres, seductoras, defensivas, agresivas, indiferentes; siempre cambian la forma de ver a un amigo, a un enemigo o a alguien que simplemente era indiferente. Lo importante es saber filtrar miradas, buscar las que nos motivan positivamente e ignorar las desagradables o negativas. Y sobre todo darse la oportunidad de conocer a toda persona que se aparezca en la vida, aunque su mirada no despierte mariposas en las tripas. No te asustes por ello Mario, fuiste muy valiente.
Abrazos
Franc.

Luzzy Duran 5 de diciembre de 2008, 19:33  

dicen que la mira es el reflejo del alma, de las intensidades,de los ocultos anhelos e incluso auqellos desvelos en los fataseamos con la persona amada o con una nueva vida, girando nuestra mente por las noches ilusionada. Pero creo que eso no viene tanto al caso, sino aquella mirada intensa como las que encontramos a diario, en personas espectaculares que te dejan una pequeña huella con su mirada penetrante.

Luzzy Duran 5 de diciembre de 2008, 19:37  

ups! si pudiera editarlo lo haria, mmm... pero mejor le dejare los erroes al titivilus y por cierto muchso saludos!

Jorge 6 de diciembre de 2008, 13:13  

Saludos Mario, gracias por las felicitaciones. La mirada puede decir más que las palabras, imagino ese momento de mirada fija, intensa clavada en tus ojos. Un barazo

TOROSALVAJE 6 de diciembre de 2008, 18:33  

El señor de las gafas me resultó inquietante. Como de una realidad paralela.

Saludos.

Thiago 6 de diciembre de 2008, 18:37  

A ver, o yo no entiendo nada o esto no va tanto de miradas como de visión... O yo no entiendo ni papa de metaforas o tu estas hablando de tu tierra y de tu isla, no? jajaj

Es que a veces ya no se si leo lo que leo o no, jajaj A mi me ha parecido una bella semblanza del amor entre las islas y el continente africanto, pero igual estoy en las berzas, jajaja B

ezos cari.

Omar Magrini 6 de diciembre de 2008, 18:49  

"El señor arabe no era humano..." cuanto misterio que encierra esta frase. Quzás, todo un mundo literario por descubrir. Muy buen relato Mario.
Saludos y buen fin de semana.
Desde la gris, lluviosa y des-angelada madrid.
Omar

CondeVolney 7 de diciembre de 2008, 2:29  

Me diluyo entre lo terrenal y lo mágico, hay que vivir la historia de las islas como isleño, y ver ese continente o a las hermanas con gafas tan cercanos, pero tu forma de trasmitir me ha trasformado y empapado de imágenes me he vestido, de isla, y he sentido sus ojos intimarme, creo que en otro momento yo, si fui isla.

Mario exégeta y poeta, agradezco tu visita por mi alma farolera, asiduo de tus Pensamientos con tu permiso linkeo, un abrazo compañero.

Ana Belio 7 de diciembre de 2008, 12:57  

Tu silueta es esbelta desde cualquier lado, y yo me quedo con las mil miradas que hace poco me regalaste.

Miles...

Carmelux 7 de diciembre de 2008, 20:14  

Tus poemas me gustan pero tus relatos más. No recuerdo donde pero alguién te decía que deberías publicar, creo que tiene razón, debes lanzarte. ¡Animo!
Besos

Noray 7 de diciembre de 2008, 21:58  

Bellísimo, colmado de lirismo, sobre todo el último párrafo.
"Sé que otro momento no fui isla" ¡Qué belleza!

Un abrazo

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