 |
| Amistad, Maribel Piñero Seco |
Si pudiera atrapar el tiempo, amigo,
y guardarlo en frascos de cristal, ponerlos al sol y
tenerlos siempre a mi vera;
si pudiera, amigo mío, refrescar en mi mente cada una de
las palabras dichas
y aplicármelas a diario para que todo me resultara más
fácil…
¡Ay, si pudiera amigo!, descansar por el día
para que las noches me contaran tus sueños y yo saber
descifrarlos,
y así ayudarte si acaso me requieres o saber entenderte
cada vez que tuve dudas.
Si pudiera
saber cómo hacer para que los días más bellos no
terminaran
y los más difíciles hablarles de cuando aquella vez…
¡Ay, si pudiera amigo!
Si pudiera dejar la senda de los locos,
para tener el poder de sólo aparecer en los momentos que
ambos nos llamásemos
y que las demás ocasiones pasaran el filtro del imposible
olvido,
si acaso pudiera.
Y si también pudiera contarte cada una de las veces que
lloro,
amigo,
y tú me llevaras a casa y convertirte en mi amante de
cicatrices
para que esas que yo consideraba lágrimas
fueran el agua que regara cada una de las plantas que
adornan tu salón,
ocupado de música,
incienso
y alfombras,
todo ello para reconfortarme cuando llego a verte.
¡Ay amigo, si supiera como contarte
como has sabido calentar mi piel fría en tantas
ocasiones!
Sin grandes fuegos, ni abrigos ni abrazos,
tan sólo con un TÚ y poco más,
pero tan reparador cuando no me quedaba mucho más…
Si pudiera agradecerte, como se agradece a Dios,
cuando me narras tu biblia,
y esos versículos que describes – y que escucho con ansia- se convierten en
sanadores.
¡Si pudiera, amigo!
Créeme que me congratulo, día a día,
de que hayas predispuesto tu tiempo a esta camaradería
y que en esa vida tuya de corazón también dañado
me hayas buscado un hueco donde, en tantas ocasiones,
poder recostarme.
Si acaso pudiera, amigo,
no te escribiría. Lo sabrías.
Y jamás me hubiera planteado la absurda idea
de no volverte a ver.
©Hisae 2025
Read more...