Definitivamente, no nos veríamos
mañana. La noche había terminado de romperse. Sabíamos que algún día esto podría
ocurrir pues la percepción que dejaba la estela de la oscuridad era de absoluta
pobreza y deterioro, aunque siempre confiábamos que se solucionaría y no habría
que acatar el alejamiento por la muerte definitiva de la noche. El día anterior
ya nos despedimos con una mención especial a la noche y si ella permitiría que
nos volviésemos a ver. Sería triste no hacerlo.
-
Te veo mañana.
-
Si acaso no se
rompe la noche.
-
Algo tendrás que
hacer si eso ocurre.
¡Y vaya si tuve que hacer! Después
del disgusto inicial al darme cuenta que la noche se había roto, después de
llorarme todo lo que había que llorar, me puse manos a la obra a remendar el
manto negro oscuro de la noche.
Necesité kilómetros y kilómetros
de hilo negro que robé de los pañuelos de las viudas, esos que antaño fueron
blancos y se tintaron con sus lágrimas negras.
Como agujas utilicé las isobaras
de mi mapa del tiempo, donde una vez enhebrado el hilo introduciría por los
huecos que las estrellas dejaban al apagarse.
¿Y la luna?
-
¿Me ayudas, luna?
-
Yo soy reina de
la noche. Yo, llena, seré botón que encaje en los ojales y la luz que vuelva a
definir las líneas que perfilan la noche.
Y así pasé muchas horas, tantas
que juntas hubieran formado años completos. Entraba la isobara y deslizaba el
hilo de viuda hasta dejar un bordado casi perfecto. La luna observaba y daba
instrucciones. Yo caía rendido a ratos y posaba mi cabeza en su hombro
menguante, adormecido.
Y llegó el momento de la luna y
estar llena y quiso entrar por el ojal. Penetró con tanta facilidad como la
cometa sabe sobrevolar el cielo.
Y la noche empezó a brillar
cuando volvieron las estrellas.
Y tú mirabas desde abajo
acompañado de tu perro, mientras soñabas lo maravilloso que sería verme al día
siguiente.
Puta
>> jueves, 19 de julio de 2012
Golpe al corazón,
atentado a una vida ya de por sí gastada
y agudizada por un desprecio previsible.
No había armas
tan sólo la ignorancia.
No hubo sangre
mas lágrimas no faltaron en sus ojos.
Hoy vive de rebajas,
de hombre en hombre, sin mirar,
doliente de un pasado
que nunca alimentó su ego.
Duerme en camastros
y se fuma lo que queda,
no pregunta por no hablar
y no responde si preguntan.
No luce cuerpo
por tener feos hasta los intestinos
pero sigue mirando al cielo cada mañana
como si fuera la primera.
Se dedica a escribir versos
para leérselos frente al espejo
y no duda en cantar a solas
pues siempre se sintió artista.
Olvidó qué es un beso
o acaso nunca lo llegó a aprender
por eso no lo extraña,
pero le duele el frío de una cama vacía,
de una noche a medio hacer.
Agarrado a su desnudez
>> miércoles, 18 de julio de 2012
No hizo falta
más que mi deseo tumbado en la cama
y sus ganas agarradas a las sábanas.
No soñé con grandes ceremonias
ni siquiera con una noche entera.
Tan sólo quería un pedazo de su yo
para saberlo
y poseer su desnudez.
Amarme, no me amó,
ni le conté en que consistía eso.
El blanco del entorno
se tornó manchado,
los ojos cerrados no miraban,
veían negro sin estrellas.
La noche tocaba a la ventana
y el suspiro apremiaba al adiós
sin saber qué guardaba
en toda aquella espesura.
Cerré con cuidado al mirarnos,
dejamos espacio abierto
y nuestra vida siguió a partir de las seis
sin un gracias por venir,
sin un beso que sobrase.Read more...
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