
¿Dónde está la frontera entre lo deseado y lo alcanzado,
entre luchar y desear?
¿Cual es el límite?
¿Existe realmente lo soñado,
y ese simple roce,
terminará en un abrazo?
¿Por qué soñar con unos labios que jamás serán besados,
un cuerpo que nunca será tocado?
¿Hasta cuándo soñarlo?
Y si miro,
y te veo,
pero la urna de cristal no se rompe,
y no te huelo,
y tus ojos que me miran
me atraviesan y no me ven,
y nuevamente llega esa noche
en la que me digo que habrá un nuevo día.
¿Hasta cuándo existirán los nuevos días
si mi deseo de tus labios, de tu cuerpo,
no se corresponde con tu sueño?
Jamás caerá el muro que nos separa,
pues ni siquiera me viste aquel día
que me imaginé que mirabas.
Y hoy pienso
en cada una de las semillas
que fui dejando en el camino.
Y recorro paso a paso esa vereda
y ni una planta dio flor
aunque siempre estuvo verde el jardín.
Copyright © Mario M. Relaño–Todos los derechos reservados
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