El reloj de las mentiras
>> domingo, 6 de septiembre de 2009
Disparatado temor
recordando los momentos que creí me estabas dando,
cuando todo mi día rotaba en torno a ti
y tus huellas marcadas en cada esquina.
Que estúpidas las sensaciones que engullen mi mañana,
al haber sido amado
en tantos espesos instantes que hoy rememoro
y empañan los cristales de mi privada lluvia.
Y cuando ahora miro tu rostro risueño,
escupo las profundas falsedades ya caducas,
sin percibir acaso
los tres puñales
que mancharon mi camisa al desclavarlos.
Tic, tac, tic, tac…
Pasan las horas en el reloj de las mentiras,
corren ríos de desilusiones
por la vida que me tocó vivir,
aunque no anulo mi alegría
al saberte viva, a ti,
experiencia,
al matar en versos rellenados de rimas absurdas,
a quien dañó los minutos que acaudalaron mis ojos,
en lágrimas azules.
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