La hora previa a la noche
>> domingo, 24 de enero de 2010
Es en la hora previa al cierre definitivo de mis párpados, cuando repaso en que consistió mi vida. Miro a quien amé y a quien creí amar,
y desgasto los instantes extras que me han sido otorgados.
No sirven de nada las lágrimas cuando está tan cerca el mar. Si acaso quise un día tener la luna entre mis dedos, ésta no era más que el gran reflejo sobre las aguas. El resto acaso fueron unas sensaciones extrañas provocadas por los sueños.
Y ahora,
creo dormir tranquilo y con la conciencia reposada.
Te dejo una flor muerta en el quicio de la ventana, para que colocada en un vaso transparente con gotas de tu saliva, le des vida.
Si mañana me encuentras por la calle, no me saludes. Tan sólo, tómame de la mano y llévame donde perdimos juntos los sueños.
Y mientras, deja que la flor crezca.
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