El aire despertó en mí
>> jueves, 26 de agosto de 2010
El aire despertó en mí
la morriña de lo que murió,
desperezó también el alma
adormecida desde hace tantos otoños caducos,
y es hoy el oro del sol
el que deslumbra unos ojos hartos de agua,
para resurgir de la sombra
que dio cobijo a mi savia.
Todo ha cambiado.
Las esquinas ya no son redondas,
ni proyectan sombras los sueños.
En una bolsa vacía de flores
manaban semillas de fe
y con cada riego
nacía mi esperanza.
Hoy amo.
Amo lo que dejé y lo nuevo que poseo.
Vengo dispuesto a llamar a tu puerta
y cantarte los abrazos
lapidados antes en tumbas frías.
Hoy, heme aquí,
vivo hasta hacerme infinito.
Y en cada voz
una nueva plegaria.
Si acaso maté,
hoy doy vida
y me la bebo.






