Permanece intacto

>> viernes, 5 de noviembre de 2010


Desprendes el olor
del primer encuentro,
lazos blancos,
rizos
en tu cabello,
quizás confundidos
por copos de algodón.

Tratas de hablarme
e intuyo que tu mirada
me traspasa,
me pesa,
me odia.
Desgraciado momento aquel
cuando la soga de lo inevitable
rompió nuestro gran instante.

Y hoy mudo,
te imploro,
y huelo
el aroma de nuestro primer encuentro.


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Cuando de masculinidad se trata

>> domingo, 24 de octubre de 2010


Cuando de primaveras se trataba, o del mar, o acaso de miradas de soslayo al cielo, me dabas la mano. Cuando los secretos se amontonaban en nuestros cotidianos días y ninguno de los dos llegó a encontrar la llave, me mirabas en silencio sabiendo que te entendía.

Si acaso te marchabas y yo me quedaba hasta el final del ocaso, pidiendo el deseo de una interminable noche –siempre a tu lado, regresabas.

Cuando unos lo llamaban debilidad y nosotros pensábamos que eso era ser feliz, entonces entendíamos que la sensibilidad era universal. El hombre era más hombre, nosotros éramos más hombres que aquellos que quemaban sus ratos entre gritos, suciedad y alcohol barato. Éramos más hombres –aprendimos-, porque habíamos logrado proyectar esos instantes diarios de felicidad, sin miedo a discernir entre diversos azules o el pánico a ahogar versos entre lágrimas.

¡Qué feliz siendo hombre!



Me invadió una especie de vértigo al saberme afortunado y compartirlo contigo. El saberme más hombre que aquellos que trataban de contaminar mi mundo.

Ahora, tú eras capaz de llorar, desnudo tu torso, en mi hombro. Sin dudar ni un instante de tu virilidad.



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No me pidas que me calle, si no sabes lo que siento

>> jueves, 21 de octubre de 2010


No me pidas que me calle, si no sabes lo que siento.

Decirte una vez más, no es crucificarte en la tarde,

aunque mis ojos formen parte de ella

y la certeza de mirarte

conviva desde el alba al oscuro e incoloro ocaso.



El día nació bello para ambos,

azules jugando con matices,

cielos que se rompen,

brillos del sol en el agua.

Los abrazos y los besos que me lees

¡No! ¡Basta!

no me robes tanto las frases

y abrázame.



Palabras arrebatadas al instante

que duelen y no se piensan,

y ahora

no me pidas, por favor, que me calle, si no sabes lo que siento.

Lo dicho volando al cielo,

confundido entre las nubes

y ese amor

que se muere todo el tiempo.

¿Cuándo podré leer tu poesía inacabable

que aún no comenzaste?




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Esa necesidad de escribir

>> viernes, 1 de octubre de 2010


Nunca había soportado el peso de tener tanto que escribir y tan pocas palabras para hacerlo.
Cual fusta, no me habían restregado el largo látigo tan dolorosamente por la espalda y a la vez tan placenteramente.

Jamás antes soñé tanto sin amar,
ni había deseado matar un deseo por el placer que producía.

Nunca imaginé que un día con una noche de palabras
fueran a ser alimento para el hombre.
Y hoy siento un apetito voraz...
Ya sé que la palabra alimenta y el hambre llega cuando hay silencio.

Tengo tanta necesidad de escribir
como la que pueda sentir el cielo de la luna al caer la noche,
o el cachorro de la madre ente el peligro.
Urge prolongar las horas hasta agotarme,
sin que existan relojes que callen.
Deseo que nuevamente
alguien me escuche y me diga que me conoce.

¡Ven!

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Imágenes

>> jueves, 30 de septiembre de 2010


Me bastan dos de los cinco sentidos

para morir por un orgasmo

cuando mi tacto tantea tu piel

y huelo el vaho de una escasa distancia.

Quedé ya ciego

al mantenerte estoico la mirada

y sordo cuando pronunciaste mi nombre.



Al besarte,

me supiste a vida.

El pánico me sobreviene

si en un nuevo día no te recuerdo

o no te nombro,

o acaso el humo de un instante

me aparta del hilo que me une a ti.



Por besarte,

jamás me supieron ya otros besos.

Mis labios forman parte de la noche.




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Libro en blanco

>> martes, 28 de septiembre de 2010


Nada peor

que una palabra olvidada en un libro vacío,

sin hojas,

como un otoño incoloro.

Perdido.



Nada peor

que sea tu palabra,

aquella que me dijiste

y olvidaste

y yo recuerdo pero tú ya no deseas decir.



Lloro por esa palabra,

que se queda con el tiempo

seca de letras.




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Frases

>> domingo, 26 de septiembre de 2010

Las frases permanecen escritas, cientos de ellas,

y no me dicen nada.

Siento que piensas que estoy muerto,

y eso me entristece,

mientras sigo buscando una palabra que te defina.

Las imágenes imborrables de mi cabeza

siguen perdurando borrosas,

y tu presencia

me empapa la ausencia de hoy.



¿Por qué ese empeño

de que cada una de las dolorosas espinas de una rosa

se clave en tu hueco silencio?

¿Por qué ese empeño?

¿Acaso no recuerdas que la sangre

es roja?



Hoy, más que nunca,

me gustaría no ser yo,

y sentir como un día pudo también sentir una hoja verde

antes de caer del árbol,

o nadar perdido como nada el pez.



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