Flor y piano

>> sábado, 20 de abril de 2013


Encontré una flor muerta sobre el viejo teclado de un piano que ya no suena,
una historia ya contada y manchada por la sangre de sus pétalos.
Encontré una mañana diferente y le pedí salir de mi sueño,
caer en mis brazos,
tener algo que recordar si sigo viviendo.
Y si cualquiera llegara al funeral,
tomaría el alma de la flor,
sería mía,
y enterraría las hojas
mientras las viejas teclas del piano lloraban una canción.

Y canta el viejo piano y llora
y muere la flor muerta
mientras observo la estampa desde mi último sueño.
Me dan su aroma las hojas que entierro
y la tierra húmeda, mezcla de olores,
y el verde se vuelve negro,
y su luto se convierte en sangre.
Mira la flor muerta por la ventana el entierro
y el viejo piano
llora una triste canción.


© Hisae 2013

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La última lágrima de Laila

>> sábado, 30 de marzo de 2013


                                        Käthe Kollwitz


Sin penas que taladren su corazón ya muy gastado,
con un pañuelo por si las lágrimas rondan sus ojos
y con el deseo de juntarlos a todos,
la madre abraza incansable el cuerpecito de su hijo muerto,
serena,
con esa mirada entre perdida y vacía,
acompañada tan sólo por la noche que se aproxima.
Ese bebé nacido del amor entre un padre y una obligación,
esa hambruna que marcaba cada uno de sus huesos,
la impotencia de la madre
con un caldero casi vacío
y sus otros seis hijos alrededor suplicando.

Ese país cargado de niños,
un continente,
ese petróleo que se entremezcla de lágrimas,
una guerra,
el poder que no justifica el hambre,
la muerte que empapa la tierra.

Hoy se fue el más pequeño
al igual que antes se fueron otros dos,
y ella, seca de dolor, lo abraza porque era suyo
y le canta por momentos
esa canción con la que lo alimentó
supliendo la cena.

Los vecinos miran a lo lejos la escena
que a diario vive alguno de ellos
y cierran sus puertas para no ver
porque convive cada uno con su propio corazón,
y su holgada amargura.
Laila abraza el cuerpecito por última vez
y es ahora cuando le resbala la única lágrima
que cae en la boca abierta de su hijo.
Llega el padre,
se lo retira de los brazos
y Laila regresa para seguir viviendo.

©Hisae 2013


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Aunque ya no esté

>> domingo, 24 de marzo de 2013



Recojo sus ánimos, limpio la cama y ventilo
después de velar y abrazar su cuerpo,
dejando mi rastro en su pensamiento
y diciendo un simple adiós.
No volveré. Tampoco me lo pide.
Nos dejamos
como los hijos dejan a los padres,
como la tormenta deja lluvia o
como deja el pan al hambre.
Nos dejamos sin más,
sabiendo que los recuerdos tan sólo duran
lo que uno quiera recordar,
sabiendo que las lágrimas tan sólo son agua
y se secan en verano,
sabiendo que nada es tan eterno
como la eternidad.
Fumo después de no hacer nada
y el humo permanece a mi alrededor queriéndome decir algo.
No pienso en el quizás,
ni en mañana,
ni tan siquiera en qué pasará cuando anochezca.
No me quedan más que unas monedas,
mis cigarrillos
y el resto de la vida por delante,
pero ya viví antes con menos.
Cierro la puerta y me marcho.

©Hisae 2013



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Soñar en conejero

>> sábado, 16 de febrero de 2013


                                 Foto: Mario M. Relaño

Los cielos cubiertos de limpieza
del color inimaginable cada mañana
deseoso yo de pintar el azul.
El viento, simplemente ahí, el único que jamás moría,
el más anciano indígena,
voces cerradas
guardadas para sí
en ese negro de tierra quemada.
Agua, siempre agua
hasta donde me alcanza la mirada,
siempre agua.
Y más allá
África,
grande e imponente.
Quedan pequeñas piedras blancas
al margen de los caminos
que nos señalan paraderos
hoy embellecidos de esterlicias,
molinos, tabaibas,
hasta llegar al Chache.
Desvelan las madrugadas
el rocío húmedo de las noches
que verdea incluso el rofe cenizo,
y da de beber a aulagas y hasta pardelas.
Brujas antaño que pactan con el diablo
y usan como ungüento sebo de camella,
Mararía una, Lucía la negra, otra.
Y es la isla
paso de piratas y calimas, albergue de conejos y tuneras,
amores reñidos de mares y fuego,
pasiones envueltas en jameos.
Que sueño sí,
que sueño conejero.

©Mario M. Relaño 


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De qué sirve

>> sábado, 9 de febrero de 2013



No me sirve de nada
si no tengo o no deseo,
si acaso estuve o si volveré.
No gasté todo por si acaso necesitaba
pero no me sirvió para sobrevivir.
Quizá si alguna vez hubiera escuchado
en vez de hablar por los codos
hasta quedarme mudo,
si hubiera necesitado beber
y por no tener,
no tenía ni agua.
De qué sirve
si no llegué
por mucho que corrí hasta donde estaba.
No me queda más que lamentarme
pero
¿para qué,
si las lágrimas ya no mojan?
¿quién está dispuesto a escuchar
si los lloros son mudos
y las lamentaciones no son de ningún agrado?
Mejor callado,
escuchando y viudo,
sólo,
pero vivo.

©Hisae 2013

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Más allá del gran silencio

>> sábado, 26 de enero de 2013



Callaron todos los principitos para siempre. No hubo más planetas en su privada galaxia, ni más flores solitarias, ni pétalos de rosas, ni acaso lunas. Callaron al unísono cuando cesó el rugir de los motores y el agua apagó los gritos de Antoine de Saint Exupéry. Cesó para siempre.
Atrás quedaron los pequeños planetas inventados y desiertos que en su día supo escribir para nuestro deleite. A partir de ahora el mar sería su nuevo hogar, su templada y ciega eternidad.

Nuestro cielo y ese mar siempre habían hecho muy buena pareja. Cuentan que incluso, en el horizonte, llegaban a desposarse uniendo sus azules. Cuentan, que los intrépidos expedicionarios que osaban llegar hasta tan lejos, no sabían diferenciar entre el agua de la lluvia y la del mar. Nunca sabían si seguían en el cielo o por el contrario, flotaban sobre las aguas de algún desconocido océano.

Antoine de Saint Exupéry amó ese cielo que todos vemos y por ello, no cesaba en el empeño de tocarlo con la punta de sus dedos siempre que podía. Su afición a volar le había llevado a rasgar el cielo en infinitas ocasiones, tantas, que su nombre estaba tatuado en las nubes.

La última vez que pilotó, posiblemente sobrevoló muy cerca del horizonte lejano, y acompañado por su bimotor, se enterró en ese silencio que produce -cuentan- el fondo del mar.

En ese fondo de mar, se vislumbra lo que un día le subió hasta lo más alto, mientras las oscuras y frías aguas del océano lo acogen sin tener en cuenta que allí hubo un espacio vacío. Hoy, refugio de peces más débiles, aparece el aparato viejo, callado e indefenso.

Ahora, el esqueleto de aquello que fue, permanece casi sepultado y las páginas de El Principito se llenan de escépticos lectores mientras nacen nuevos días. No importa si el mar moja las hojas mientras cada una de las letras entreteje la historia de aquel niño que pintó corderos y flores que se despiertan despeinadas.

El mar calla y acoge. El mar ahoga las historias y sólo él sabe la verdad. Quizás algún día, este mar, escupa los últimos capítulos de aquellos escritores que se atrevieron a escribir la biografía de Antoine de Saint Exupéry y dejaron sin terminar.

©Mario M. Relaño

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El Todopoderoso

>> sábado, 19 de enero de 2013



                                  Foto: Mario M. Relaño


Levantando las manos y decolorando la noche
me encuentro que nací como todos
y que no soy rey de reyes
ni merezco que me miren cuando camino por la calle.
Dejando la sorpresa arrinconada entre las sombras y la esquina
continúo mi viaje
mirando a los que me ignoran
con la convicción de alguna vez ser parte de la historia.
Entre camino y camino
me sorprende la mañana que me ciega
y mirando al suelo encuentro señales que me conducen a seguir.
Las señales son rastros de lágrimas,
de palabras,
de gestos de otros
que alguna vez me fueron dejando para llegar hasta donde ellos iban.
Cuando creo haber llegado a mi destino
y ser coronado como el deseado
la niebla me sorprende entre el trono y las loas de los que me desean.
Arrastrado por el suelo para no caerme,
para no perderme en los metros que me faltan para la gloria,
estiro el brazo
y el poder de lo que me espera tira de mí.
Coronado
como el supremo de lo amado
pongo mis reglas,
y considero que sus miradas me provocan dolor,
por lo que les condeno a la ceguera
y absorber mis besos
para que nunca les falte el amor del poderoso.

©Hisae 2013

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