El porqué y para qué de lo desconocido

>> domingo, 18 de mayo de 2014

                                        Ilustración: Lyona

Hay que darle un porqué
a esos proyectos que se despiertan contigo
mientras te desperezas cada mañana.
Nada tiene derecho a morir sin más,
por la ignorancia o sin una explicación,
sin darle la forma y llegar hasta el fin.
Quiero aliarme al mejor salvoconducto
para llevar a cabo
ese porqué que nació a mi lado
sin yo llamarlo,
pero mío,
mientras escuchaba un no sé qué
que no lograba identificar
y que resultó ser el sonido de la noche.
El para qué vino después del porqué
asido a su mano y como respuesta.
El escribir para qué no hubiera tenido fundamento
si hubiera muerto ese proyecto neonato,
y hoy,
orgulloso,  
lo exhibo en mi bandera unicolor
con ese porqué tan cuestionado a veces
y sin la desgana de la derrota.
No vislumbres un lloro de alegría ahora, no.
Mis lágrimas son de esfuerzo,
de desprecio en ocasiones y tesón las más,
para lograr izar,
con toda mi fuerza
la tela de la victoria en ese asta
que permanecía limpia hasta entonces.


©Hisae 2014


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Todas esas cosas que aún seguimos aprendiendo

>> miércoles, 14 de mayo de 2014

                                  Foto: Nigel Roddis

No me canso de escuchar,
de observar,
de intentar comprender todas aquellas cosas que me son ajenas,
con la importancia que ello tiene para mi propio enriquecimiento.
Un enriquecimiento jamás tardío y que a veces sobrepasa la capacidad que cada humano puede soportar.
Pero los individuos somos más inteligentes que todo eso y nos estiramos,
nos ensanchamos,
nos dilatamos
para seguir absorbiendo lo que de alguna manera nunca nos vino dado en el paquete y ahora nos llega con retraso.
Esta demora aparece siempre a tiempo;
llama a la puerta
y automáticamente se abre, aunque fuera sople un vendaval.
Y por la noche consigues conciliar mejor el sueño, dando por bien aprovechado el día. Seguramente esos sueños sean incluso más placenteros que los soñados después de un día de desgana.

Muero, pues, porque llegue mañana con el nuevo color de día
y el mundo me descubra tanto como me alcancen los últimos minutos antes de que mis pestañas se nieguen a permanecer por más tiempo abiertas.
Y mi boca sonreirá feliz
y me seguiré preguntando por qué la vida no consta de más años para vivir
o por qué me niegan aprender después de muerto.

©Hisae 2014


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En el desierto también llueve

>> martes, 6 de mayo de 2014


En el desierto también llueve,
me cuentan mientras intento escribir entre las líneas transversales que dirigen el tráfico de mi lunes.
El resto del día acaba sosegado y sin recuerdos
aunque por la noche, imagine esa lluvia cayendo en el desierto,
mojando mi cara,
y regando de flores la madrugada.
El martes seguramente no sea un gran día
si acaso no puedo escribir acerca de esa vida que ansío.
¡Llévame a esa vida! -sueño.

Mientras, llueve.

Llueve en el desierto.
Y los días pasan acumulándose en el calendario
como la arena se termina por acumular en el viejo reloj de cristal.
Y cuando se caducan los minutos,
cesa de llover en el desierto
y las pocas gotas que caigan serán quimeras en horas de estío.

Mientras, llueve
y las líneas continuarán rectas  y trataré de escribir
aunque el teléfono me avise que he de huir
y la imagen del desierto me grite.
Sí, dicen que también llueve en el desierto.


©Hisae 2014


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Cementerio para negros

>> domingo, 4 de mayo de 2014


Tierra quemada, tierra de nadie que ose vivir bajo las piedras
de este mundo caótico e incierto que cerca la realidad de la vida.
Nunca quisimos acercarnos lo más mínimo hasta lo que allí había
y no nos importó si alguna especie sobrevivía
o había conseguido siquiera nacer.
Era tierra yerma y sucia,
polvorienta,
desértica y empedrada
donde las plantas se negaron a ser verdes
y las aves, si las hubiera, tan sólo aparecían por y para la carroña.
Tierra cercada por arena,
mucha arena,
y un mar demasiado grande,
por un mar que apenas servía de vía de escape para el que deseaba sobrevivir,
sin remos,
y que a base de vallas conseguíamos quemar esos sueños.
Todo estaba tan en calma mientras no oía...
Nada veía si no iba,
y la tierra prometida era remendada por los poderosos
que nos mentían
mientras agonizaba, allá a lo lejos, el desierto.
Líneas rectas dividían los pueblos
y etnias revueltas entre sí convivían por orden y gracia del europeo.
El fuego no era tal,
pero sus negros rostros eran muy negros para el blanco
y de demasiados tonos para el negro.
Un día avistaron una marea
y cundió el pánico.
La marea no era tal mar,
era vida
a unos suspiros de la muerte,
y el poderoso no estaba para donar aire
y sin agua, y sin aire
murió el negro.
En su tierra quemada, bajo las piedras,
tenía cavada su propia tumba.


©Hisae 2014


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Malditos cien poemas

>> martes, 29 de abril de 2014

                                      Fotografía ©Vicente Méndez


Cuanto más cansado se encontraba mi interior,
aparecían
y me despertaban esos malditos cien poemas que, cada noche,
sin llamar, venían a buscarme.
Esos seres perversos que me dejaban absorto,
perdido
y en ocasiones me provocaban lágrimas mal lloradas.
La enemistad creada entre mi almohada y los primeros tres versos,
mi silencio
y los murmullos de los espectadores que no había,
las rimas que no eran tales
y esas palabras errantes siempre dichas en el tono más correcto,
hacían de mí un pobre diablo
y sentía que vivía una vida que no era mi vida
y que ningún maestro
me habló nunca de los maravillosos y malditos cien poemas.
Y cada noche,
cuando regresaban y las legañas caían de mis ojos arrastradas por las lágrimas,
yo maldecía esos poemas
y moría para nacer de nuevo poeta
al tiempo que escribía versos en papel higiénico
para que desaparecieran por la mañana y no pudieran ser jamás leídos.
Y es que yo amaba a esos malditos cien poemas que una noche,
la primera,
vinieron a buscarme.


©Hisae 2014


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Nuestro amor duró tanto como nuestros ojos permitieron

>> domingo, 27 de abril de 2014

                                    Fotografía: Martín Weber


No siempre había algo que decir.
Con sólo una mirada
interpretaba que el color más claro de sus ojos me prometía una vida.
Si acaso el día amanecía con sus ojos más oscuros
o el reflejo no llegaba a iluminar las cuencas
me negaba mi codicia
y la oscuridad me llenaba de tropiezos.
Había momentos que su mirada era más o menos penetrante,
limpia o con brillo,
esquiva o no de la perpetua búsqueda de mis ojos
y yo siempre sacaba una conclusión para completar mis diez instantes de felicidad diarios.
Nuestro amor duró tanto como nuestros ojos permitieron.

Llegaron a  pasar semanas sin encontrarse nuestras miradas
y al preguntar
me comentaron que sus ojos se oscurecieron
 y ya no lograba mirar.
Para mí fue como si hubiera enmudecido
pues jamás supe interpretar
ni una de las palabras que salían de su boca.


©Hisae 2014


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Días de luto

>> martes, 15 de abril de 2014

                                  Foto: Carlos Valcárcel


Qué largos se hacen los minutos de espera
para la hora del duelo,
qué negros todos los vestidos y corbatas,
¡cuánta lástima inspiran viudas y niños!
Cuánto dura el luto que nos regalan tantas y tantas grises mañanas
y otras tantas noches sin risas ni vasos de vino,
qué inoportuno el muerto
que muere en verano y no en cuaresma
que es cuando uno ha de morir.
¡Qué congoja la que queda
después de marcharse solo!
Cuántos trapos sucios tirados
que nadie quiere lavar,
qué mueca irónica grabó el difunto en su cara
pensando en un ¡sálvese quien pueda!
y partiendo vestido todo él
de mortaja recién estrenada.
Ya no quedan lágrimas transparentes en los ojos de la viuda
hoy sólo se llora veneno,
¡cuántas ventanas abiertas
y murmullos entre casa y casa!
¡Quién viviera después de muerto!
¡Quién llorara sobre el propio él!


©Hisae 2014



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