Maldición, ¡va a ser un día
hermoso! ¡Este será pues un cuento hermoso!
¡Bienvenido a mi casa! Cantemos
salmos, amigo extraño.
Pero has de saber que en mi hogar
no existen las grapas. Las grapas rompen, unen lo que no nació para estar
unido, mata la libertad dejándola agujereada.
Una vez entendido, ¡entra a
casa, ánima perdida! Ponte cómodo y charlemos. ¿O acaso todo este tiempo que
has permanecido arrodillado ante mi puerta no era para charlar? ¿Deseas algo
que no intuyo? Pues perro no pareces...
Entiendo que una vida en la
calle no tenga las comodidades como las de estar recostado todo el día en una
confortable nube, siguiendo en directo los acordes de arpas vecinas. Pero has
de entender, que siempre eres el primero en conocer el estado del tiempo y si
acaso nieva, la calle es tuya, muchacho.
¿Sabes? Un día encontré un
beso roto guardado en una caja y no recordaba de quien fue esa traición. ¡He
sido siempre tan malamente besado! Tanto, que cada vez que alguien se acerca a
mi puerta, como se ha dado el caso contigo, me pongo a temblar por si acaso me
piden un ósculo de bocas desconocidas. No me creas pedante, extraño mío. Yo
tampoco tuve una vida fácil, siempre camuflado entre papeles y vestido con
corbatas absurdas que jamás conjuntaban con mis ojos. Pero ¿acaso se nos
permite quejarnos? ¡Jamás! Cada uno carga con su cruz, aunque la mía haya sido
siempre de cuatro brazos y no de madera, sino de acero inoxidable... Porque
como dice Covi, mi médica, soy un tipo raro. Raro pero encantador, le contesto
yo siempre.
Ahora, te dejo porque he de
salir un instante. Te dejo toallas y sábanas limpias, por si acaso decides
quedarte a dormir. Si lo deseas, también hay comida en la nevera, pero por
favor, ¡no toques la grapadora que hay encima del aparador! ¡No funciona!
©Mario M. Relaño 2018
Read more...
Un bote lleno de piropos
>> domingo, 29 de noviembre de 2015
Y reverdece tu propia luna
cuando piensas en primaveras aunque el otoño sople
y te lo recuerde constantemente con hojas en tu puerta,
y de último invierno
aún conserves un bote lleno de piropos.
¡Pero que linda
está la luna tan verde! -te dices,
como si tú misma pintaras de añil los cielos
y de amarillo los soles,
para que tu luna luciera aún más verde.
Y cuando los hombres te miran
no te mienten,
pues te sabes bella y lo gritan,
y vuelve a ser una y otra vez primavera,
cuando sonríes
y ríes
y les das la mano a unos y a otros besas
para que se sonrojen,
aunque tú salgas corriendo
a ver tu luna
que sigue verde
y continúes sin abrir tu bote de piropos.
Y se ennegrece tu propia luna
cuando te inventas que la vida es más que eso,
e ignoras si los gritos que escuchaste en la mañana
eran de dolor o quizás de jolgorio adolescente,
pero te lanzas decidida
a que si te veo y no me acuerdo,
aunque el café quede frío,
porque rezas a tu diosa favorita
para que te conserve tu atípica belleza
y para que nunca,
nunca, nunca,
el bote de los piropos se rompa.
Read more...
Este es uno de esos poemas que queman
>> domingo, 18 de octubre de 2015
Este es uno de esos poemas que queman
y que te derriten los ojos si lo lees dos veces seguidas
sin el permiso del poeta.
Son unas cuantas letras deficientes
escritas en un (mal) momento
que tratan de hacer daño maldiciendo tu aliento.
No conseguirás adentrarte en el segundo verso
cuando ya con el primero
hayas deseado no conocerme,
pues solamente el título
hará que durante la noche escuches incluso
el ruido que hace al arrastrarse un caracol
por la pared sin pintar de tu vecino.
Este es uno de esos poemas
que quizás nunca se debiera haber escrito
pero que el autor sonreía maliciosamente
cada una de las veces que una palabra
quedaba grabada entre juramentos y bostezos.
Y en ese momento, para calentar más el instante,
sale ella y su perro ladra
y tú la odias a ella y al perro
más al perro -por error-que a ella,
y decides
no consentir prestarles un minuto de tu sueño
pues bastante tienes con lo que tienes
y devoras las galletas MARÍA que ni has mojado,
para más tarde,
volverte a sentir igual de solo
como llevas toda la vida sintiéndote.
Y te resignas
a escribir este poema o morir en el intento
y repasas en diez segundos todo lo malo
para darte cuenta que no era para tanto,
que al fin y al cabo estamos aquí dos días
y sonrío
nuevamente
pensando en ti si hasta aquí has llegado
y aplaudes por lo malo de un poema
que trataba de quemar
si recalabas en el segundo verso.
Read more...
Lo que es en realidad la vida
>> martes, 13 de octubre de 2015
Foto: Tommy Ingberg
Hay veces que descubro
momentos pasajeros que me alimentan el día
y llenan mi cara de sonrisas
que de otra forma no nacerían,
que mi ansia se enerva con esos efímeros instantes,
y me desnudo,
y me doy cuenta que la vida no es más que eso
y que los grandes proyectos
quedaron todos en las aulas de mi adolescencia.
Cada vaso de minutos que beso -bebo-,
que yo agrando con jarras de sueños -y bebo-,
me recuerda que hoy todo se apagará al final del día
y que el mañana
me lo he de volver a trabajar
para que al menos,
por un puñetero instante,
mi cara no deje de sonreír
y la primavera de mi alma
comience a brotar con los bulbos
que día a día sembré entre tropiezos y cabreos,
y regué entre sequías de dame
y tormentas de diretes.
Y al fin, en mi madurez,
me doy cuenta de lo que es en verdad la vida,
una de cal y otra de arena,
que se sobrelleva mejor la cal con una sonrisa
y te olvidas de la arena
si miras al cielo cada día
y buscas cerditos entre las nubes,
pues al fin y al cabo
la vida es fantasía
y se vive mejor
cuanto más leas y más historias de tu propia vida
crees.
Será tu fantasía -tu vida.
Read more...
Cuando el mundo no funciona como debe
>> domingo, 20 de septiembre de 2015
La duda del masivo movimiento de personas
que acapara unas tierras que desconocen,
me atemoriza.
El mundo se engorda en zonas
donde no resistirá con el peso del hambre
mientras que en otras
el hambre ya no existe por el exhausto abandono.
Cuando se trata de ayudar
sé que siempre aparecerá una mano extendida,
pero si se juntan cientos de ellas
terminarán arrastrando las lágrimas de ambos
y se fundirán hasta ahogar el deseo de ayuda.
En el momento en que el mar se convierta en cementerio
y de la tierra ya no nazca la mata,
cuando la sonrisa de un chiquillo se pierde
para dar paso al llanto de un padre y una madre,
es que el mundo falló en algo
o quizás el hombre no es tan bueno como contaron.
Y es que en la historia, los movimientos masivos
se alargan sin horizonte claro en el tiempo,
nunca tuvieron un buen final
o dejaron como parte del legado
una crónica sucia en blanco y negro
donde las sonrisas se extinguieron.
Lo peor de todo
es que las lágrimas se terminarán secando.
Read more...
Etiquetas:
Reflexiones
¡Qué se acaba el mar!
>> domingo, 13 de septiembre de 2015
Foto: Francis Pérez
¡Que se acaba el mar! -gritó.
Todos nos dimos la vuelta y
quedamos parados mirando expectantes.
El azul era confuso, no
quedaba claro dónde comenzaba el horizonte. El color era demasiado apagado y
difuso, pero se adivinaba.
¡Que se acaba el mar! -volvió a gritar, más fuerte aún si cabe.
Ya éramos muchos, casi un
todo, pero todos mudos. Algunos se agarraron de las manos, otros cayeron de
rodillas, los más seguían siendo estatuas a punto de romperse.
Aquel que gritaba, lloraba con
despecho. Sus lágrimas se agarraban a la orilla para convertirse en mar, pero
eso él no lo sabía. Estaba demasiado ocupado en transmitirnos su sensación
mientras no dejaba de subir la marea.
¡Que se acaba el mar! -volvía a repetir, cada vez con menos fuerza
por el agotamiento, mientras moría un poco más.
El grupo comenzaba a
reaccionar. Unos se acercaron, otros murmuraban. Las estatuas dejaron de ser
tales y recobraron la vida que minutos antes tuvieron para decidir qué hacer.
El azul quizás se intensificó aunque
a mí no me lo parecía. El azul siempre era azul; era el sol el que variaba
según jugaba con las nubes.
¡Que se acaba el sol! -acertó a susurrar esta vez, mientras hincaba
su cabeza en la arena.
Al fin, una mujer con forma de
madre se acercó. Tomó agua de la orilla y le mojó la cabeza.
Esos pelos que escurrían mar
le mojaron los brazos a ella cuando hizo del momento algo intenso y hablándole
con dulzura, muy bajito, le runruneaba:
- Cariño mío, mi tesoro... El mar moja tus cabellos de polizonte, de pirata,
de capitán de nuestro barco. Las sirenas aplauden a tu paso, mientras todas las
olas quieren romper contra el casco de tu nave. Siente la brisa. Escucha cómo
grazna aquella gaviota a lo lejos. ¿No será que al fin, mi capitán, nos
acercamos a la isla? Déjame, mi capitán, que navegue junto a ti en este tu
barco. El mar no se acaba, el mar es intenso y es tuyo.
Ella, aflojando el abrazo,
volvió a meter la mano en el mar y fue de nuevo su pelo el que recibió el agua
con sal. Mientras, la respiración de él se hizo más pausada. Sus ojos
permanecieron cerrados desde el principio.
Ambos se levantaron y, muy
despacio, comenzaron a alejarse dando pasos semienterrados en la arena.
La playa quedó en silencio.
Unos pocos se marcharon. Otros siguieron mirando al mar. Los menos se sentaron.
Yo, que estaba solo y bastante
apartado, me retorcí por el drama de la ceguera del muchacho mientras comprendí
que el mar no lo es tal cual para todos y que no a todos moja por igual.
Mario M. Relaño
Publicado en la Revista NU2
Etiquetas:
NU2
Agosto, tormenta y él
>> domingo, 9 de agosto de 2015
Son como tímidos cascabeles los sonidos que escucho
entre la cortina, la ventana y el resto del mundo,
el tintineo suave que me recuerda que,
a parte de mí,
hay mucho más que me queda y no abarco todo en una sola
mano.
Tan solo son las gotas de una incipiente tormenta de
agosto.
Lo que la lluvia pueda mojar en una sola noche
no es nada comparado con lo que me rebosa por haber
estado
y lo que empapa el mar en cada marea.
Lo que tengo para darle a él,
que me mima en cada puñado de segundos de mi minuto,
en cada respiración entrecortada,
con todas y cada una de las risas que le niego,
es tanto,
que me dedicaré a vivir toda mi vida y mucho más
para entregárselo,
pues no hay vidas que condonen al amor.
Y si acaso hoy termina el día
sin que la lluvia haya hecho caso omiso de mi ventana
abierta,
dormiré feliz,
porque sigue siendo agosto,
eternamente él está a mi lado,
y siempre volverá el verano
aunque suenen cascabeles que llegan
entre la cortina, la ventana y el resto del mundo.
Read more...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






