Amanecer y ocaso juntos de la mano

>> jueves, 23 de julio de 2009


Apenas amaneció y el viento sonoro trastorna mis oídos...
El desayuno voló por el cielo... me amarga el café...

Te escribo desde el silencio de la noche porque el día fue demasiado ruidoso.

Pero lo bueno que tiene el día, es que al cabo de unas horas termina,

y yo me siento libre para cerrar los ojos y hacerlo desaparecer.



Si encuentras silencios es por la omisión del veneno,

si te oprimo, puedes devolverme las letras:

las ahogaré en el mar.

Acaso no vuelva a ver la luz

si olvido abrir los ojos.

¿Pero acaso dicen que existen los colores?



No estoy. Me fui.

No me esperes en el andén.

Marché en el último tren.






5 comentarios amigos:

Cemanaca 23 de julio de 2009, 22:34  

Demasiado sentimiento para este día...

buen finde.

Saludos conversos.

Noray 24 de julio de 2009, 22:22  

Entre el amanecer y el ocaso
sólo florece el silencio.


Un abrazo

Alfonso 24 de julio de 2009, 23:18  

No es mala idea quedarse en la noche. Pero el dia volverá. Y hay que estar preparados.
Gafas de sol, amigo :)

Terapia de piso 25 de julio de 2009, 1:54  

Me gusta el hecho de decir que te fuiste así tu ausencia lo diga también.

Saludos grandes.

José Roberto Coppola

Angel 4 de agosto de 2009, 8:46  

¡Qué bonito!
Bonitas palabras, Mario.
Preciosa estrofa final... ¿qué tendrán los trenes que siempre me han llamado poderosamente la atención¿ ¿será por el rastro de ausencia que me dejan?
Besos, Mario!

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