El cuarto del poeta

>> martes, 6 de marzo de 2012


Letras tantas veces olvidas,

palabras ya no pronunciadas

que ahora descansan en una cama con deseos de comunicar.


Era un cuarto, ni claro ni oscuro,

ni frío ni caliente,

suficiente en tamaño y

con manifiestas vivencias prendidas en las paredes

en jeroglíficos indescifrables.


Él, en su historia,

pasaba páginas con sus largos dedos

con roces suaves,

como si del cuerpo de una mujer se tratara.

Leía,

soñaba a veces, no muchas.

Pensaba, eso sí,

si volver a sus orígenes de entrelazar letras

y ser apodado “el poeta”.


No quiso poner más luz.

Estaban tranquilos él, su libro y sus recuerdos.

Quiso volver a ser

aquel que se dejaba ver con su poblada barba

en círculos muy íntimos

para recitar entre rimas sus amoríos.


El poeta, tenía una voz grave.

Al igual te contaba un amanecer visto desde un ático

como que leía relatos con prosas poéticas.

Tan pronto te tocaba

como que te miraba y compartía el cielo sin hablar.


Hoy,

sigue en su cuarto,

ni claro ni oscuro,

ni frío ni caliente,

al lado de su libro y de sus pensamientos.


3 comentarios amigos:

© José A. Socorro - Noray 7 de marzo de 2012, 11:44  

El poeta, aunque esté inmerso en las tinieblas, siempre busca la luz dentro.


Un fuerte abrazo.

© José A. Socorro - Noray 7 de marzo de 2012, 11:44  
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo 7 de marzo de 2012, 19:11  

Hermoso cuarto (no lo digo yo) que se ha visto
agasajado por la inesperada visita
de un viento fresco, cargado de sueños.

Se ha colado por la puerta,
esa que siempre dejo abierta,
para permitir la entrada sin llamar.

Si estuviera cerrada no sería mi cuarto
y eso quién hasta aquí ha llegado lo sabe,
incluso puede tocar las cosas que ve, el viento puede.

A él se le puede permitir todo,
como acariciar lo que más le guste
o levantar las cortinas para que entre la luz,
como ahora está haciendo.

Al verlo mover suavemente las hojas de mis libros, disfruto.
Él sabe que se puede desplazar por el cuarto con absoluta libertad,
llegando a todos los rincones,
descubriendo objetos y lugares dejados atrás, en el tiempo.

Objetos que lucen ahora la misma nitidez de cuando fueron relegados al olvido,
arcanos encerrados bajo las llaves de los años,
en un lugar recóndito,
donde solo un viento dulce y cálido podría llegar y encontrarlos.

En este cuarto vivo rodeado de palabras de todo tipo,
unas son largas, otras cortas
unas cotidianas, otras extrañas
sencillas, en negrita o cursiva
manuscritas, tipográficas o habladas
y todas… todas me permiten seguir soñando.

No es que haya dejado de hacerlo, soñar.
Lo que ocurre es que ahora estoy dónde quería llegar.
No es que me conforme con estas cuatro paredes
porque aquí dentro los sueños siguen existiendo,
pero ahora son otros,
han cambiado,
son diferentes… de momento.

Como ese viento que va pasando las hojas lentamente,
moviéndose por entre las ramas o levantado olas en el océano
que puedo ver desde mi ventana, la ventana de este cuarto, dando vida
a la poesía oculta en un árbol o un mar y que más tarde será libre.
Solo así se puede saber que está ahí, tan cerca, ese viento impetuoso.

Por suerte El Poeta está, siempre es, en cualquier situación,
poeta, porque no es solo poesía la letra impresa,
un buenos días por la mañana, un hasta luego
una palabra escuchada, un silencio atento
una mirada sincera, unos ojos temerosos
un recuerdo grato, un olvido pasajero
un amor cercano, un amor lejano
el viento, la calma
el mar, el desierto
el sol, la luna
la guerra, la paz
unos labios, su beso
unas manos, sus caricias
un cuerpo, su calor.
La poesía pueda estar en todo y
por suerte El Poeta siempre está, aún pensando, viviendo.

Libro.

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