La mujer de la nueva vida

>> domingo, 11 de noviembre de 2012




Dejó sus años malgastados en las cuerdas donde tendía la ropa
y cada noche que llovía
el agua terminaba de lavar las manchas de una vida pobre
mientras que con el alba
el futuro amanecía con el resplandor que unos ojos limpios
veían al correr las cortinas de la ventana.
La casa se había transformado
en espacios más amplios,
en silencios rotos por la música de Mahler y voces de Frank Sinatra,
y con cristales más transparentes.
Los animales corrían fuera
mientras ella
miraba por la ventana y sonreía.
Ya no esperaba a nadie
pues a nadie tenía.
Pero aprendió a ser fuerte y no necesitarle.
Le bastaba con sus sueños para verle de cuando en vez,
y cuando despertaba,
al lavar su cara comprendía que su vida era hermosa,
tanto
que deseaba volver a vivirla
si un día moría.

Al salir a la calle
saludaba a la gente como si fueran sus vecinos
a pesar de no tener vecinos
ni siquiera calle.
Usaba paraguas para escribir su nombre en la arena
y leía novelas que ella misma escribía.

Un día, fumando un cigarrillo,
pensó en su hijo muerto
y fue entonces cuando olvidó volver a casa.
No se supo más de ella
hasta que meses después encontraron sus zapatos
en la orilla de algún sitio.
Se dio por sentado
que regresó con él, harta de verlo en sueños.

© Hisae 2012

2 comentarios amigos:

Kiko Sinclan 14 de noviembre de 2012, 23:55  

"...en la orilla de algún sitio..."
Ordenaste las palabras de tal forma que me hiciste sentirlas. Un gracias y un saludo desde la orilla de algún otro sitio, aún con las zapatos puestos.

La Tendera 8 de diciembre de 2012, 14:20  

Precioso!! me he pasado por aqui de casualidad, y por lo que he leido me ha encantado todo. No dejes de escribir seguire pasandome. ;)

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