Qué fue de ella

>> domingo, 1 de diciembre de 2013


Qué fue de ella, que pasaba las tardes recogiendo flores para colocar en una cesta de mimbre y escribía poemas cortos para aquel soldado, quizás herido, quizás ya muerto, que marchó a la guerra y jamás leería.
Qué fue de ella, que salió de casa una mañana de domingo cuando más llovía para enterrar los huesos que le entregaron de su amado, que no lloró las lágrimas contenidas, al menos delante de nadie, y como único sufrimiento manifiesto fue quemar sus poemas con las flores ya secas.
Qué fue de ella, que durante meses permaneció encerrada en casa, que las malas hierbas trepaban ya por los escalones de la entrada y que los cristales pasaron de transparentes a translúcidos por el polvo acumulado.

- La guerra. ¡La guerra! -se le oía gritar en ocasiones de noches más oscuras sin luna cuando pocos permanecían aún despiertos.

Qué fue de ella aquella mañana cuando salió en titulares la finalización de la guerra. Se escuchaba música de fondo de la banda municipal, la gente comenzó a llenar la calle mientras parte de la pérgola del porche de ella permanecía caída y sin restos de pintura blanca.

- La guerra. ¡La guerra! -aún se le escuchaba.
- No, amiga. ¡Despierta! La guerra ha terminado -querían convencerla.

No, la guerra permanece por décadas. Nunca se puede hablar de una guerra terminada. No, jamás se lo digas a esas madres que no volvieron a ver a sus hijos, a esos jóvenes que portarán una cojera, una ceguera de por vida. No se lo digas a toda aquella clase no burguesa que seguirá pasando hambre como los días más duros en el frente. No podremos hablar de una guerra acabada mientras los periódicos y la radio sigan informando de todo aquello que aconteció en los cuatro años de conflicto, mientras los odios no dejen de sangrar  y cicatricen.
¡Nunca! Nunca podrás hablarme de que la guerra terminó mientras yo tenga vida y mis ojos sigan contemplando la tumba con unos restos que ni siquiera sé si son de aquel soldado.

Qué fue de ella mientras siguió viviendo... Y la radio siguió sonando...


©Hisae 2013


4 comentarios amigos:

TORO SALVAJE 2 de diciembre de 2013, 18:46  

Las guerras no acaban jamás.
A las pruebas me remito.

© José A. Socorro-Noray 2 de diciembre de 2013, 20:50  

¡Cuántas tumbas y cunetas sin abrir! Así, nunca terminará esta maldita guerra.

Miguel Angel 8 de diciembre de 2013, 23:27  

Contra esa y otras guerras sí puede hacerse un buen poema... como éste!
Salu2

Omar Magrini 11 de diciembre de 2013, 15:55  


"Nunca se puede hablar de una guerra terminada", cuanta verdad Hisae.
Un abrazo.

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