La muerte del día

>> jueves, 28 de mayo de 2009


El agua calaba amarilla

contaban ellas que por la muerte del sol,

decían ellos, por la niebla de sus ojos.

Vislumbraban oscuras siluetas

de rocas mojadas éstas por agitadas olas,

de pequeñas barcas en movimiento

mecidas por la constante musicalidad del mar,

de finísimas cañas

en manos de irreconocibles pescadores.



Estaba moribundo el día.

Y siempre que moría,

contaban ellas que suspiran ellos,

decían ellos que lloraban ellas.



¡Como se bañaba de dorados el horizonte!



Sus ojos quedaban mojados

quizás por el escupir del mar,

quizás por la tristeza ora alegría

de la muerte del día.




10 comentarios amigos:

Dámaso Bahamondes 28 de mayo de 2009, 19:22  

el escupir del mar ahora me llega de noche, para el dia murio hace bastante

besos hisae

Terapia de piso 29 de mayo de 2009, 3:08  

La incertidumbre infinita del "quizás"

Un abrazo.

José Roberto Coppola

Omar Magrini 29 de mayo de 2009, 12:18  

MArio, esta frase tiene un "no se qué", que no puedo dejar de leerla;
de pequeñas barcas en movimiento
mecidas por la constante musicalidad del mar

Será tal vez porque trae a mi cabeza el sonido de las olas golpeando suavemente contra la arena que tanto me fascina y me gusta escuchar.
Como siempre, excelente.
Un saludo
Omar

Camille Stein 29 de mayo de 2009, 19:59  

ojos mojados
(decían que por la muerte
quizá el renacimiento)
húmedos de todas formas
en esta música del agua

saludos

Alfonso 30 de mayo de 2009, 11:47  

Y lo curioso es que no muere nunca el atardecer. Es eterno. Mientras en mi mar el sol se pone rojo y se hunde en el mar, en tu mar, todavía brilla y está vivo :)

Máximo Ballester 30 de mayo de 2009, 20:47  

Maravillosa postal y poema.

Saludos desde Argentina.

Noray 30 de mayo de 2009, 21:41  

Siempre que muere el día,
sobre el horizonte del océano,
nace en el sueño la poesía.


Un abrazo

El Peregrino Ruso 31 de mayo de 2009, 10:14  

Disfruto con tu blog, entro todos los días, no dejes nunca de escribir porque a mi me animas. Un Beso

Condevolney 31 de mayo de 2009, 13:57  

"¡Como se bañaba de dorados el horizonte!"

Solo leyéndote se de horizontes dorados, mis ojos se han vuelto torpes y mi corazón amargo, solo leyéndote mi alma se viste de amardecer condenado a morir eternamente, libre y bien acompañado.

Recibe un fuerte abrazo, de este que se considera amigo del desconocido Mario (aunque me alumbre tu luz y me siembre tu parnaso).

Ana Belio 31 de mayo de 2009, 21:45  

El mar es tan mágico que cada día podemos ver un nuevo horizonte, ni siquiera es necesario tenerle frente a ti, basta con haberlo sentido y rememorarlo.

Me parece escuchar su sonido, me parece que en momentos comno el de ahora y después de leerte, lo escuchamos juntos.

Bs.

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