Vulnerabilidad

>> sábado, 15 de mayo de 2010


Las noches resultaron tan negras como los cuervos; ni luces prendían a esa hora alrededor de mí. No sabía si dormía o era parte integrada de esa espesa negrura. En el cielo de mi última noche pensando en ti, no había luna. Fuera de mí sólo distinguía horribles sombras que simulaban menesterosos mendigos.

Dibujé tu boca en la arena, curiosamente sin labios, aunque ésta no parase de hablarme de desidias, errores y proezas de héroes que no existían. Quise besarte, pero mi lengua quedó impregnada por los granos de arena. Quise asirte, pero no eras real. Quise amarte pero eras vulnerable al amor.

Por eso hoy sería mi última noche en pensarte. Tal vez por ello, sólo un gato negro se atrevió a pasar bajo mi terraza. Y ni la luna ni la luz fueron mis aliadas en la despedida. Sólo yo sabía que mañana ya no estaría.

Sólo yo.

Sólo yo y tú, que encontrarías mi sangre entre tus libros.





4 comentarios amigos:

Noray 15 de mayo de 2010, 20:31  

Un beso sin labios
es como si el aire
se diluyera en el aire
y la sangre
fuera la misma sangre,
como si soñar
entre las sombras
de la densa noche
fuera amarse.



Un fuerte abrazo.

Jorge Ampuero 15 de mayo de 2010, 23:22  

Un prosa poética intensa y degustable, por cierto.

Saludos...

Alfonso 16 de mayo de 2010, 19:42  

Profundo e hiriente. Pero si fueramos de acero y no vulnerables, qué amor más soso :)

Perssef Violh 15 de julio de 2010, 8:25  

"...Sólo yo y tú, que encontrarías mi sangre entre tus libros..."
me encantó esa parte.

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