Carta escrita en un columpio

>> sábado, 7 de enero de 2012


Escribo sentado en un columpio.



Levanto la vista y me encuentro con un juego de nubes. El viento da de lleno en mi rostro, tanto, que a ratos me quedo sin aire.



Mis dedos anotan en un papel mis propósitos, ideas limpias, maneras de llegar al lugar donde transcurren esas maneras más fáciles de vida plena.


Pienso en ti mientras lo hago, en las largas conversaciones sobre nosotros y el cielo; pienso en nuestros silencios sabiendo que estamos justo ahí detrás. Rememoro las noches que han quedado atrás gastadas por no ser capaces de transformar los instantes en cómodas almohadas.



Mientras se mece el columpio, siento vibrar mis dedos al mismo tiempo que mi cabeza. Los cientos de neuronas dudosas que llenan los cubículos de mi testa, me ciegan. Entre tanto, tomo impulso, respiro y sigo viviendo. Siempre fue así. Nunca llegué a morir del todo. Siempre me repongo aunque antes me haya bebido tantas lágrimas como litros tenía el pantano donde se suicidó mi sombra.


Hoy, mi sombra resucitada y yo somos capaces de estar contigo, hablar entre nosotros tranquilamente dejando de lado nuestras diferencias para que la sombra se entretenga.


El columpio, sólo es la excusa para escribirte. He escrito cientos de metros cuadrados de palabras intentando explicarte que la vida no es como es, que la vida es como nosotros la llevamos y que yo no soy inteligente para saberla llevar. Me limito a vivir donde, como y cuando me mandaron. Y hoy, no dispongo de piernas suficientes para saltar y llegar al invierno. Llámame cobarde.



Por eso, me refugio en el columpio, donde lloro, te pienso y comento contigo como fueron creciendo los hijos que nunca llegamos a tener.



A veces lloro. Pero hasta una lágrima es bella cuando la ilumina un rayo de sol.



3 comentarios amigos:

Rosa de los Santos 7 de enero de 2012, 23:38  

que tristeza denota este relato , melancolia , de alguien lejano a ti...Suerte y feliz año nuevo !!!

Anónimo 8 de enero de 2012, 8:12  

Los columpios de verano solo pueden traer nostalgia y melancolía. La distancia, siempre la distancia.

Franc

elvientoenlasvelas 8 de enero de 2012, 10:05  

Precioso. El tono general y esto me gusta especialmente: "Mis dedos anotan en un papel mis propósitos, ideas limpias, maneras de llegar al lugar donde transcurren esas maneras más fáciles de vida plena".
David

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