Como me pediste

>> viernes, 31 de agosto de 2012

Te escribo un libro corto,
sin páginas,
ni letras, ni imágenes visibles,
pero muy intenso
y cargado de momentos para saborear
en voz alta,
como me pediste.

Dedico mis noches a contarte
y dedicarte cada uno de los sentimientos
que desea expresar mi alma,
a ratos,
a veces,
como me pediste.

Es un best seller
de tamaño reducido y sin color,
con tapa dura
y lágrimas en su interior,
unas veces muy felices
las menos, tristes,
como me pediste.

 

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Migajas

>> martes, 28 de agosto de 2012

Esas migajas que los pájaros picotearon
eran suspiros que lloró mi alma,
deseos
convertidos en pasiones ardientes
derramadas éstas en las calles por tu ausencia.

Las llamadas que te hacen mis sueños
las envuelves en palabras
que
cantas a otros oídos
mientras quedo desnudo en la cama,
esperándote.

Y así termina un día
y otro
y otro más ya empezado,
teniendo que apagar las luces del pensarte
para mirar más lejos,
a través de mis ojos verdaderos.

Esas migajas que alimentaron a los pájaros
eran trozos de mi yo ya penado,
gastado
en tiempo a tu lado, indeciso
y muerto
escuchando
historias que no son mías.



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El tímido poeta aquel

>> sábado, 25 de agosto de 2012


De viejas revistas recortaba las palabras
que después le servirían para completar poemas
al tímido poeta aquel
que tiraba pasquines por las esquinas.
Apenas rimaba
pero amaba por encima de todo,
y de vez en cuando
sus propias lágrimas se convertían en sueños reales
de la intensidad como vivía
con la luz como lo sentía.
Sus versos no se leían,
se olían.
Las noches las transformaba en días,
los días
los vivía,
el tímido poeta aquel
que tiraba pasquines por las esquinas.

Y mientras pasó su vida,
corta,
entre silencio y silencio sin hablar,
por querer esconder lo que él pensó inútil,
contenida la belleza de lo creado,
enfrascado,
secas sus letras.
Y murió solo
y nadie supo de su ausencia y de la existencia
del tímido poeta aquel
que tiraba pasquines por las esquinas.

Hasta que llegó el otoño
y con el otoño el viento
y con el viento el arte del movimiento,
donde al fin volaron
y el mundo conoció
las letras de esos poemas
del tímido poeta aquel
que tiraba pasquines por las esquinas.


Foto:  Sgt. PEPE


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Tantas y tantas cosas

>> jueves, 9 de agosto de 2012





Si supiera que retuviste alguna de mis palabras,
que las hueles, las mimas y las cuidas,
que las moldeas para hacerlas más tuyas,
si supiera que comprendes mi vértigo,
mi miedo a volar,
que lo asumes y evitas que yo mire hacia abajo,
¡cuantas cosas te diría!

Hablaría de lo bueno que he vivido,
que retengo,
de lo malo borrado,
de los sueños por tener
y tener sólo contigo,
contaría los minutos para hablar
y mirarte mientras domas mis palabras
y comprendes lo que te digo.

Escribiría de blanco en las sombras
y con sombra en la luz
para que leyeras,
pintaría de azul la noche y un sol amarillo
y amanecer así juntos,
narraría mi historia en libros de aventuras
y tú
serías protagonista imborrable.

Si supiera que realmente fui tuyo
en algún instante,
que los silencios fueron más que silencios
y que las ausencias fueron bellas,
si acaso volviera a nacer
y me buscaras,
entonces daría por buenos mis versos.


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Si acaso se rompe la noche

>> domingo, 22 de julio de 2012


Definitivamente, no nos veríamos mañana. La noche había terminado de romperse. Sabíamos que algún día esto podría ocurrir pues la percepción que dejaba la estela de la oscuridad era de absoluta pobreza y deterioro, aunque siempre confiábamos que se solucionaría y no habría que acatar el alejamiento por la muerte definitiva de la noche. El día anterior ya nos despedimos con una mención especial a la noche y si ella permitiría que nos volviésemos a ver. Sería triste no hacerlo.

-         Te veo mañana.
-         Si acaso no se rompe la noche.
-         Algo tendrás que hacer si eso ocurre.

¡Y vaya si tuve que hacer! Después del disgusto inicial al darme cuenta que la noche se había roto, después de llorarme todo lo que había que llorar, me puse manos a la obra a remendar el manto negro oscuro de la noche.

Necesité kilómetros y kilómetros de hilo negro que robé de los pañuelos de las viudas, esos que antaño fueron blancos y se tintaron con sus lágrimas negras.
Como agujas utilicé las isobaras de mi mapa del tiempo, donde una vez enhebrado el hilo introduciría por los huecos que las estrellas dejaban al apagarse.
¿Y la luna?

-         ¿Me ayudas, luna?
-         Yo soy reina de la noche. Yo, llena, seré botón que encaje en los ojales y la luz que vuelva a definir las líneas que perfilan la noche.

Y así pasé muchas horas, tantas que juntas hubieran formado años completos. Entraba la isobara y deslizaba el hilo de viuda hasta dejar un bordado casi perfecto. La luna observaba y daba instrucciones. Yo caía rendido a ratos y posaba mi cabeza en su hombro menguante, adormecido.

Y llegó el momento de la luna y estar llena y quiso entrar por el ojal. Penetró con tanta facilidad como la cometa sabe sobrevolar el cielo.
Y la noche empezó a brillar cuando volvieron las estrellas.

Y tú mirabas desde abajo acompañado de tu perro, mientras soñabas lo maravilloso que sería verme al día siguiente.




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Puta

>> jueves, 19 de julio de 2012




Golpe al corazón,
atentado a una vida ya de por sí gastada
y agudizada por un desprecio previsible.
No había armas
tan sólo la ignorancia.
No hubo sangre
mas lágrimas no faltaron en sus ojos.

Hoy vive de rebajas,
de hombre en hombre, sin mirar,
doliente de un pasado
que nunca alimentó su ego.
Duerme en camastros
y se fuma lo que queda,
no pregunta por no hablar
y no responde si preguntan.

No luce cuerpo
por tener feos hasta los intestinos
pero sigue mirando al cielo cada mañana
como si fuera la primera.

Se dedica a escribir versos
para leérselos frente al espejo
y no duda en cantar a solas
pues siempre se sintió artista.

Olvidó qué es un beso
o acaso nunca lo llegó a aprender
por eso no lo extraña,
pero le duele el frío de una cama vacía,
de una noche a medio hacer.


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Agarrado a su desnudez

>> miércoles, 18 de julio de 2012


No hizo falta
más que mi deseo tumbado en la cama
y sus ganas agarradas a las sábanas.
No soñé con grandes ceremonias
ni siquiera con una noche entera.
Tan sólo quería un pedazo de su yo
para saberlo
y poseer su desnudez.
Amarme, no me amó,
ni le conté en que consistía eso.
El blanco del entorno
se tornó manchado,
los ojos cerrados no miraban,
veían negro sin estrellas.
La noche tocaba a la ventana
y el suspiro apremiaba al adiós
sin saber qué guardaba
en toda aquella espesura.
Cerré con cuidado al mirarnos,
dejamos espacio abierto
y nuestra vida siguió a partir de las seis
sin un gracias por venir,
sin un beso que sobrase.



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