Un cuadro de palomas de la paz

>> sábado, 14 de agosto de 2010


Sentía cólera. No sabía por que había regresado nuevamente a ese lugar, tras su última llamada de teléfono. No entendía que tenía para que me arrastrara tanto.

Tan sólo estaba.



Siempre me pareció espantoso ese cuadro de palomas de la paz que presidía el salón, al mismo tiempo que sentía un enorme dolor por la música que provenía del piano de la habitación contigua. La música me dolía al igual que dolieron siempre sus palabras, cada vez que una de ellas daba de lleno en ese corazón tan machacado que yo poseía.



No conseguí ese beso aunque el propósito fuera el mismo que el abrazo, dar y recibir cariño, consuelo. Debía de tener un callo en los labios, ¡maldito yo!



Lloré tanto como agua cayó ese otoño en mi vida, pero de ninguna de mis gotas nació siquiera una flor, quizá por la falta de semillas sembradas el verano anterior.

¿Qué hice mal? ¿Por qué nunca mi cariño dio sus frutos? ¿Por qué el tono de voz se incrementaba cada vez escupía sus mentiras a mi cara?



Y sin embargo, allí estaba yo de nuevo, escuchando “sweet little sixteen” del aparato de música en su casa, mirando al vació, mientras se contorneaba y enloquecía, por la influencia de todo ese polvo esnifado.




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¿Duermes, o te escribo poemas de amor?

>> martes, 10 de agosto de 2010


¿Duermes, o te escribo poemas de amor?



Envileces con sarcasmos unos sueños

otrora pintados en láminas azules

y hoy narrados en leyendas de otras épocas.



¿Duermes, o pueden mis manos tocar tus labios?



Riman tus palabras

con actos que nacieron de un vacío

y hoy son letanías.



¿Duermes, o te hablo mientras callo?



Voy a tumbarme con la noche

y esperar a despertarme con el sol,

mientras observo

si quedaron varadas las rentas de tus sueños.



¿Duermes, o te escribo poemas de amor?

Te pregunto:

¿duermes?




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Tres

>> martes, 3 de agosto de 2010


Hace tres siglos que no leo un poema de amor,

tres años que mi guitarra,

la guitarra que compramos juntos,

las cuerdas rompió,

hace tres días que tu boca dejó de reír,

tres horas que anduve muerto por ti.



Hace tres siglos que tu cara pinté,

en tonos azules, verdes y añil,

tres años que amarte

te amé,

tres instantes que no te pensé.



Hace tres siglos que te perdoné,

te juro que te perdoné.

Hace tres años que no te perdí

porque nunca te tuve, no te perdí.

Hace tres horas me puse un clavel,

en la solapa me puse el clavel,

por si a verme querías venir.



(canto) He tirado flores al mar,

al darme cuenta

que me gusta besar bocas muertas.



(lloro)…



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Gangsters

>> miércoles, 21 de julio de 2010


He saldado cuentas con mi pasado.

Ni créditos pendientes

quedan al final de la trampa en que se convirtió mi vida.

Diseñé nuevas esquinas

a cada paso que daba

para evitar gangsters

que acosaran

mis andazas de caballero mutilado.



Al final de ese trayecto

no programado,

vi el harén que nunca proyecté

pero que hoy concibo

como parte imprescindible de mi existencia.




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Cabezas, ese extremo ocupado

>> domingo, 18 de julio de 2010

Voy a secuestrar al viento, a trocearlo y enterrarlo en macetas pobladas de geranios. No respeta el silencio porque no lo conoce. Clama y hace suyo el día, mientras refugiados estudiamos la manera de concentrar nuestra vida.



No soy consciente del pensamiento del otro, del compañero, de la persona que pasea a mi lado. Tan sólo me percato de lo que daña mi cabeza.

No pienso en lo que pudo ser y/o será. Tan sólo miles y miles de efectos, contradictorios algunos, ocupan mi espacio. Y no quiero ser especial, tan sólo estar. No quiero que me miren ni me señalen. Deseo ser apenas una sombra proyectada en oblicuo hacia la nada, ser pisado sin sentir, y desaparecer cuando muera el sol.


Mientras eso ocurre, me refugiaré en las drogas que consiguen que me levante por la mañana y duerma por la noche. Y si acaso llamas y no me llega la señal, no incendies mi casa; puedo estar todavía dentro y no preparado para una partida.





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Voces

>> jueves, 15 de julio de 2010


Era bello. Muy bello. Excesivamente bello.

Pero no me enamoraban sus palabras, porque callaba.



Reserva tu voz para quien a ti te interese que la escuche –le dije.

Reservaré mi voz para quien se merezca oírla –contestó muy seguro. Son más los gestos que ofrezco, que la voz que callo.



Y siguió callado, mirándome, con sus cejas rubias y su cabello despeinado.





En colaboración con Kiko Sánchez


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Besos de despedida

>> lunes, 5 de julio de 2010


“Hoy al fin, entre la cobardía de mis días y el silencio de las noches, te escribo.

Te escribo, porque desoyes los lamentos que otrora fueron canciones.

Y si bailas, ya no aplauden mis manos, sino los párpados de los ojos que impiden torrentes de lágrimas.

Hoy al fin, te escribo entre páginas blancas y libros acartonados. Y me atrevo a hablarte de aquel beso mal dado, que aún ahora saboreo. Porque aquel, era tu beso. Esos labios tímidos e inexpertos en bocas masculinas, al fin se acercaron a mí para llamarme, y sellar el silencio del arribo y la despedida”.



Esas eran las palabras que sentí después de la partida. Escritas, las metí por debajo de la puerta de tu portal, y sólo espero, que hayan llegado a ti antes que entrara el vecino. A partir de entonces, ya sólo mendigaré los besos cuando prostituya mi alma. El último, quedo sellado en el arcón de los días que transcurrieron entre el ayer y el ahora mismo.




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