Un cuadro de palomas de la paz
>> sábado, 14 de agosto de 2010
Sentía cólera. No sabía por que había regresado nuevamente a ese lugar, tras su última llamada de teléfono. No entendía que tenía para que me arrastrara tanto.
Tan sólo estaba.
Siempre me pareció espantoso ese cuadro de palomas de la paz que presidía el salón, al mismo tiempo que sentía un enorme dolor por la música que provenía del piano de la habitación contigua. La música me dolía al igual que dolieron siempre sus palabras, cada vez que una de ellas daba de lleno en ese corazón tan machacado que yo poseía.
No conseguí ese beso aunque el propósito fuera el mismo que el abrazo, dar y recibir cariño, consuelo. Debía de tener un callo en los labios, ¡maldito yo!
Lloré tanto como agua cayó ese otoño en mi vida, pero de ninguna de mis gotas nació siquiera una flor, quizá por la falta de semillas sembradas el verano anterior.
¿Qué hice mal? ¿Por qué nunca mi cariño dio sus frutos? ¿Por qué el tono de voz se incrementaba cada vez escupía sus mentiras a mi cara?
Y sin embargo, allí estaba yo de nuevo, escuchando “sweet little sixteen” del aparato de música en su casa, mirando al vació, mientras se contorneaba y enloquecía, por la influencia de todo ese polvo esnifado.
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