Las palomas

>> martes, 25 de marzo de 2008


Aprovechando el sol que lucía aún a esas horas de la tarde en el cielo que hay justo encima de mi terraza, salí fuera y me recosté en la hamaca con “La carretera” de Cormac McCarthy. El libro me tenía atrapado desde que empecé con la primera de sus páginas.
El sol en los ojos me provocaba un guiño incómodo, pero la gandulería hacía que no pasara dentro a ponerme las gafas de sol. Y creo que ya desde ese momento me estaba entrando ese agradable sopor que hace que dormites una pequeña siesta al aire libre.

No sé que ruido fue el que produjo que levantara la cabeza del libro y contemplase como una paloma se posaba en la farola del otro lado de la calle y me mirara. Inmediatamente después, su hermana, prima o pariente cercano se posó en la pérgola de la casa de mi vecino. Ambas me miraban. Yo las miraba a ellas. Todos nos mirábamos. Y ellas querían jugar, pues de una en una, levantaban el vuelo y cambiaban de posición, siempre en lugares altos de alrededor de mi terraza.
Una de ellas, sobrevoló mi cabeza y defecó, cayendo sus excrementos en la pared y no encima de mí, afortunadamente.
Al cabo de un rato, ya eran tres las palomas. Y después, cuatro y luego cinco. Y todas me miraban. Quizás les parecía un tipo estúpido con el torso desnudo bajo el sol de febrero.
No recuerdo en que momento empezó a preocuparme el gran número de palomas que se acumulaban en los aledaños de mi casa. Y fue justo después de ese momento que no recordaba cuando no pude dejar de pensar en “Los pájaros” de Hitchcock y la escena de estos rodeando la escuela.

El silencio envolvía todo a mi alrededor y ni siquiera a Micky le dio por ladrar aquella tarde. Dudé entre si moverme y largarme o bien dejar de pensar en estúpidos peligros, como decía mi hermano que siempre hacía. No hizo falta. Fue en ese instante cuando una de las palomas decidió levantar el vuelo y dirigirse hacia mí, esta vez sin intención de defecar. La vi justo enfrente de mi cara. Nos miramos a los ojos y supe que corría peligro. Ella graznó, si es que acaso las palomas graznan. Y las estúpidas de sus parientes levantaron juntas el vuelo en dirección a mi terraza.

McCarthy y su “carretera” saltaron por los aires cuando pegué un bote en la hamaca. El susto me despertó de esa siesta placentera.
No encontré una sola paloma ni en la pérgola, ni en la farola de enfrente. Eso sí, el coñazo de Micky seguía ladrando como cada tarde a esas horas y la mierda de la paloma estaba seca en la pared.

12 comentarios amigos:

F e r n a n d o 25 de marzo de 2008, 20:46  

jeje!, las palomas de Hitchcock!, esas situaciones son recurrentes, pero uno a veces siente que le pasan a uno nomás.

Da algo de temor no?...pero que te pueden hacer unas cuantas palomas?!

Un abrazo, gracias por pasar por mi blog. Desde tan lejos no?, pero acá nomás.

Saludos cordiales y que sigas bien, lejos de las palomas.

Charlie 25 de marzo de 2008, 20:57  

Las palomas me dan asco.

Pero me entusiasma que hayas (estés) leyendo la carretera. Es el último libro que me ha impresionado y me hace una estúpida ilusión que tu lo estés leyendo también.

Es que eso es como mirar el mismo sol, o la misma luna.

Echo de menos hablar contigo hermano.

Ana Belio 26 de marzo de 2008, 20:17  

Los pájaros de Hitchcock,estupenda película, y tu asociación a las palomas con ella me ha sorprendido gratamente.

Un beso. O dos dulce Mario.

Markesa Merteuil 27 de marzo de 2008, 12:33  

Sólo en sueños se puede ver claramente que la paloma te mira sin intención de defecar... :D

La Caja de Sorpresas de Carmen 27 de marzo de 2008, 16:36  

Ja ja ja...Puedo imaginarme la escena, y me recuerda la de una lagartija atrevida, que invadió mi toalla en Guasimeta, e inclusó quiso deslizarse por mi pierna.
Pero que atrevidos son los "animalillos" en esa mágica isla.
Mil biquiños mi amado, vuelan para tí, en la distancia.

Druid 27 de marzo de 2008, 16:49  

Las palomas son ratas con alas.
El libro, de lo mejor (si no lo mejor) que he leido ultimamente.

Lo comente hace unos meses:
http://druidceo.blogspot.com/2007/11/la-carretera.html

Venga, hasta la próxima y disfruta del libro.

sohno 27 de marzo de 2008, 17:45  

La mierda, siempre mejor en la pared que en la cara Mario.
Muy buen relato.
Por lo que veo es bueno el libro que mencionas. Saludos

PARANOICO ILUSIONISTA 27 de marzo de 2008, 19:47  

Ratas con alas que simbolizan la paz y llenan los tintes...miraste a sus ojos, seguro que ella no te aguantó la mirada, cobarde rata con alas

Nahunte_ 28 de marzo de 2008, 5:56  

Yo no ubico a las palomas más que en otro sitio que no sean parques, alamedas o plazas, sin embargo hay sueños que son tan reales que hasta puedes sentir cómo cae en tí la defecación de la paloma ¿quedrá decir algo?

Omar Magrini 28 de marzo de 2008, 22:55  

Coincido con el paranoico ilusionista, para mi son ratas con alas, una plaga, en mucho lugares y edificios antiguos estan pcolocando un amalla electrificada para que no se posen y of course no defequen y ensucien todo.Por ej. la catedral Notre Dame de Paris. Al margen de eso muy bueno el relato.
Saludos y que tengas un muy buen fin de semana.
(PD- Decime donde te puedo enviar los apuntes sobre Ansterdam para tus vacaciones)
Omar

Miguel 29 de marzo de 2008, 23:20  

Con las palomas, juegos los justos. Se están ganando a pulso ser odiadas por la mayoría de la gente. No sé si odio, pero desde luego que cada vez me repelen más.

Nos vemos

Joseph Seewool 8 de abril de 2008, 12:52  

Comprendo que esa lectura, unido al contexto, provocara imágenes inquietantes. Yo puedo recomendar "Meridiano de sangre", del mismo autor, y el título es fiel al contenido.

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