El fotógrafo

>> sábado, 17 de enero de 2009


Fotografía y boceto de la historia: Hisae&Jero


Caminando, he seguido huellas que no adivinaba donde me llevaban, por caminos inciertos y en ocasiones cubiertos de la hojarasca provocada por ese otoño inacabado en lugares donde el sol no es capaz de penetrar. En mi camino de falso vagabundo, siempre esperé un encuentro, un hallazgo casual donde mis ojos pudieran posar y admirar la beldad ante lo desconocido. La belleza de un cielo, un puente, una sonrisa o unos ojos negros. Algo que me hinchara de sobredosis para seguir adelante. Yo, drogadicto de la vida.

Intentaba captar sonidos, olores que me guiaran. Andaba perdido, pero exhausto de emociones. Siempre fueron así mis días necesitado de alimento. Era un depredador de vida. Nunca adivinaba donde terminaría, pero era capaz de quedar dormido bajo un árbol después de devorar mi alimento.


Al rato se hizo la luz. El sol quedó expuesto finalmente en el cielo cuando salí del espesor de mis dos últimas horas. Al fondo, la ciudad. Y de entrada, un pequeño parque silencioso.

No había niños. Supongo que era horario escolar. Ni siquiera una paloma rondaba por los alrededores en busca de alguna migaja caída. Tan sólo una fuente con un diminuto chorro de agua y tres bancos situados en horizontal llenaban la estancia.

En uno de los bancos, un señor encorbatado observaba su teléfono móvil, mientras con la otra mano sujetaba la flor de un geranio. Parecía nervioso, pues no paraba de mover una de sus piernas y mirar constantemente su reloj de pulsera.


Me quedé observando la escena. Hubiera querido pedirle permiso para acercar el objetivo de mi cámara y fotografiar el momento, ese instante que me parecía precioso: La dulce espera.

Pero no me acerqué. No podía robar lo que él creía su intimidad. Por el contrario, esos arbustos al final del tupido espesor de árboles, me protegían de cualquier mirada, y sobre todo, me ocultaban del momento íntimo del caballero esperando a la persona amada.


Los minutos se alargaban como si de un elástico se tratara. El señor encorbatado parecía cada vez más nervioso. Seguía observando una y otra vez el teléfono y su reloj. Se levantaba del banco, daba un par de vueltas alrededor de este y decidía volver a sentarse. Así hasta que el sol se acordó que ya había cumplido su jornada laboral y le había llegado el momento de comenzar a ocultarse. Entonces sí, el caballero que llevaba al menos una hora y media en apenas unos centímetros cuadrados de terreno, se levantó furioso, dio una patada al suelo y emprendió su marcha, con una cara entre enfadado y confuso. Pero antes de marcharse, con sumo cuidado, depositó la flor de geranio encima del banco que él había ocupado durante toda la tarde.


Ahora sí, una vez que ya me quedé solo en el parque, salí de mi verde escondite y fotografié el banco vacío. Más bien, retraté la flor que allí había quedado. Una flor hermosa pero cargada de gotas de tristeza. Una flor que si supiera hablar, narraría la historia de desamor que yo ahora trato de imaginar al observar a un señor encorbatado, un banco vacío y una melancólica flor.


Entonces emprendo mi huída, mientras recito unos versos de Fernando Pessoa:


Dadme lirios,

y rosas también.

Dadme rosas, rosas,

y lirios también,

crisantemos, dalias,

violetas y los girasoles

por cima de todas las flores…


Échame a manos llenas,

por cima del alma,

dame rosas, rosas,

y lirios también…


Mi corazón llora

en la sombra de los parques,

no tiene quien le consuele

verdaderamente,

excepto la misma sombra de los parques

entrándome en el alma,

a través del llanto.

Dame rosas, rosas

y lirios también…





15 comentarios amigos:

Francisco 17 de enero de 2009, 19:39  

Bonito y al mismo tiempo decrépito cadáver, el de la flor. Bonita tu narrativa llena de música y lírica. Bonito…
Abrazos
Franc.

Terapia de piso 18 de enero de 2009, 0:25  

La curiosidad es una ladrona.

José Roberto Coppola

Ana Belio 18 de enero de 2009, 8:33  

Está repelto de imágenes tu relato Mario.

El detalle de dejar la flor en el banco es sin duda un acto de entrega a pesar de no recibir nada, en situaciones así y muchas veces se han llevado la flor consigo.

Deseo que pases por mi blog y sigas un meme, te he elegido porque el posible premio es un ejemplar de Khaterine Neville, "el fuego" firmado.
Espero que no te moleste.

Miles cielo mío.

TORO SALVAJE 18 de enero de 2009, 10:08  

Una flor abandonada es una musa impresionante.

Saludos.

Stanley Kowalski 18 de enero de 2009, 12:23  

Excelente el texto y bellísima la fotografía, me gustó mucho tu post.

Te mando un abrazo.

BRILLI-BRILLI 18 de enero de 2009, 16:29  

Una flor nunca puede quedar sola a la espera de unas manos que la recoga...bonito retrato y bonita poesía.
Besetes

Stanley Kowalski 18 de enero de 2009, 16:36  

Te agradezco la sugerencia, pero te voy a ser totalmente honesto. Yo soy muy novato en este tema de los blogs, las críticas que recibo vía mail, son diversas, por un lado les gusta que sea breve, pero también me critican que la temática no sea siempre gay. A mí, personalmente no me gustan los rótulos, mis relatos están basados en el sexo, ya sea hetero, gay, bisexual, etc. Creo, que por otros blogs que leo que son eternos, te tenés que ganar un lugar para poder expresarte como a uno le gusta, mientras tanto, voy a seguir escribiendo sobre el sexo en general, y después, si me siguen leyendo, haré los relatos mas extensos.
Gracias por tu comentario, te mando un beso.

Alfonso 18 de enero de 2009, 23:41  

La ausencia del banco no tiene porque ser siempre un final.
Cuando el hombre deja las flores, no rompe el vínculo. Está dejando el mensaje de 'estuve aquí'.
Tal vez llegó tarde. Tal vez le volvió a llamar. Tal vez ahora sean felices. Y nosotros, estemos tristes viendo un banco vacío.
El amor, el presente y el futuro son así.

Luzzy Duran 19 de enero de 2009, 0:43  

hermoso tu relato, vere de forma diferente los bancos vacios.
muchso besos y abrazos etéreos :D

David de la Merced 19 de enero de 2009, 11:06  

Es precioso Mario. Una prosa poética medida y equilibrada, sin excesos sentimentales. Me gusta que el fotógrafo no quiera asaltar la intimidad del caballero, pero luego fotografíe su ausencia ejemplificada en esa flor. Al final ha conseguido retratar algo igual de íntimo, pero además imaginando una historia, inventándosela porque la desconoce. El poema de Pessoa es precioso y le va como anillo al dedo al cuento.
Enhorabuena, me ha gustado mucho.
Besicos.

Thiago 19 de enero de 2009, 11:47  

Cari, es que Pessoa tiene razón, dame lirios y dame rosas, pero no me des geranios...¡con lo mal que huelen! jaaj Un geranio no es una flor para esperar a una señorita (ni aún gay, diría yo, jaaj). Este señor es una triste aficionado a las plantas que corta esquejes de geranio para transplantarlos en las macetas de su triste balcón donde ve pasar la vida...

Bezs.

David Samayoa 20 de enero de 2009, 14:51  

La imagen... mas de mil palabras!!...

Cemanaca 21 de enero de 2009, 2:05  

Combinación perfecta entre realidad y poesía
Entre la espera y tus palabras poéticas que brotan sin control.

Saludos conversos

Juan Cairós 21 de enero de 2009, 12:00  

Uhmmm, te atreves con los relatos, y consigues que me quede viajando en lo que han visto los ojos de tu mente.
He visto no sólo tus pensamientos, sino a ese fotógrafo tan sensible y poético.
Precioso relato, Mario, y el detallazo del poema, impresionante.
Lo vuelvo a repetir, estás entre mis preferidos, me interesa lo que escribe el poeta y vive la persona...

intelligence 22 de febrero de 2009, 13:58  
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