Flashes 1: El padre y la hija

>> sábado, 7 de febrero de 2009


Pintura: Sid & Joni with book, David Hockney 2005


Estaban ambos en la cocina. Ana preparaba el almuerzo con prisas mientras él miraba ausente hacia el exterior. En invierno, el frío apenas le dejaba salir fuera.

Sacó de un cesto las últimas patatas y mostrándoselas, le dijo:



- Éstas ya son las últimas, padre.



Él volvió la vista y escuchó. Permaneció en su mutismo. Ana se acercó por detrás, le rodeó el cuello con sus brazos y le besó la cabeza. El padre se dejó hacer.



- Hemos tenido una buena vida. Nunca nos faltó nada.



Últimamente, ella le besaba constantemente. Él callaba. Pero esta vez, mientras seguía mirando ausente hacia el jardín, no pudo impedir que la lágrima resbalara por la mejilla.




14 comentarios amigos:

Stanley Kowalski 7 de febrero de 2009, 17:48  

Breve, tierno, emotivo. Excelente post.

BESOS

Noray 7 de febrero de 2009, 21:09  

Excelente y bellísimo relato.

Me has hecho recordar a mi madre, mirando tras los ventanales, perdiendo su vista en el infinito, llena de dolor y con la resignación de saberse que no había nada que hacer, tan sólo esperar la hora de la muerte.
En cinco años de agonía, con toda su lucidez, me regaló escasas quejas y demasiada gratitud. Muchas veces le caía una lágrima mientras, en silencio, miraba al cielo.

Un fuerte abrazo

Ana Belio 7 de febrero de 2009, 22:18  

Y tan flash cielo mío, yo diría que es un microrrelato en toda regla, dejas entre líneas mucho para reflexionar y de eso se trata.

Poeta y escritor en toda regla...te adoro ¿lo sabías?

Miles.

Condevolney 8 de febrero de 2009, 13:55  

No sabes como a veces doy gracias a la vida, por darme la oportunidad (compartida) de expresarme libremente, y no sabes cómo agradezco, siempre, que los compañeros exegetas y amigos lean (miren) lo que uno ha hecho, comenten o no sus opiniones, pero es tan inmenso el amor que uno vuelca en cada verso, en cada palabra, en cada movimiento, que a veces volaría en alimento allá donde existieran unos ojos hambrientos.

Mario hoy vestido de Hisae, debes de ser, bueno seguro que eres un corazón puro y atento, sin serlo no se puede crear tanta belleza en cuatro líneas, tanta paz, tanto cariño y tanto amor verdadero, para hacer correr por mi mejilla esa lagrima que aun despistada no sabe si es feliz o es un lamento, GRACIAS POR DARME ESO.

Francisco 8 de febrero de 2009, 16:11  

Breve y explícito a la vez, lleno de emotividad. El vértigo de mirar atrás puede causar el suficiente dolor como para soltar una lágrima.
Abrazos Mario
Franc.

BRILLI-BRILLI 8 de febrero de 2009, 16:12  

Ufff,se me ha hecho un nudo en la garganta.Que dificil es mirar al pasado muchas veces..
Besos

Markesa Merteuil 8 de febrero de 2009, 17:27  

El tiempo... qué demoledor.

Thiago 9 de febrero de 2009, 8:42  

¡Cari, yo me muero si me quedo sin patatas…! jaja

Será mi raiz gallega, por eso a pesar de que mi comentario parezca frívolo, quiero decirte que lo entiendo en lo mas profundo de mi alma…

Bezos.

Juan Cairós 9 de febrero de 2009, 12:49  

¡Qué sutilezas Mario!
Es como una escena en una película, de guión, poéticamente representado...Muy guapo!

con el viento en las velas 9 de febrero de 2009, 17:27  

Muy chulo, breve y encerrando toda una vida en él. Besicos.

TORO SALVAJE 9 de febrero de 2009, 18:38  

Que triste.
El final se acerca.
Imparable.

Saludos.

Cemanaca 11 de febrero de 2009, 0:21  

Fragil y tierno...
todo con amor se lleva mejor.

Saludos conversos.

Daniel Gil Jiménez 11 de febrero de 2009, 11:45  

Me ha recordado a mí abuelo enfermo de alzehimer tristemente ya abandonó este mundo.
saludos

ANTONIO SEBASTIÁN 11 de febrero de 2009, 12:01  

Una nueva joya que compartes con nosotros. Muchas gracias, MARIO. Con ese lánguido y hermoso lirismo tuyo, del que conmueve.
Muchos besos, siempre de colores. DIOS te bendiga.
ANTONIO

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