De qué servía su vida

>> sábado, 28 de marzo de 2009

No entendía la vida.

Ni cargando en sus quehaceres

los volúmenes más pesados de su experiencia,

ni tan siquiera respirando el humo

que le llegaba de gritos ajenos,

se avenía a ver la gama de tintes que le invadían.

¡Pobre!, no sabía.

Las piedras se agolpaban a las puertas de su vida,

y ni sonreía.

Tan sólo parecía que miraba al horizonte

con el deseo perdido,

porque respiraba,

pero no vivía.

Y las lluvias que caían

mojaban sus recuerdos

pero no hacían florecer más esa sabiduría suya,

ni los trinos de los que le sobrevolaban

conseguían despertar

su mirada del infinito de su desdicha.





13 comentarios amigos:

Gabriela 28 de marzo de 2009, 23:23  

que tristeza, la imagen...la desdicha...

Markesa Merteuil 29 de marzo de 2009, 0:41  

A veces no es imprescindible entender para disfrutar de las pequeñas cosas que, desde el conocimiento, no llegarían a sorprendernos tanto. Creo que a veces somos presuntuosos cuando opinamos que el desconocimiento lleva a la sinrazón de la existencia. Es entonces cuando nos olvidamos de lo mucho que desconocemos, de hasta dónde podemos llegar a errar.

TORO SALVAJE 29 de marzo de 2009, 8:56  

La tristeza reina hoy aquí.
Espero que no por mucho tiempo.

Saludos.

Arrumako 29 de marzo de 2009, 10:34  

melancólica poesía. ¡Tú eres bueno, tío!

Vengo del blog de thiago y, dado que has comentado antes que yo, decidí pasarme a conocer tu blog... (tus blogs).

Un domingo por la mañana, como que uno tiene el cuerpo poético, me quedaré leyéndote un poco más. Al acabar te incluiré en el blogroll de mi blog.

Besos.

Noray 29 de marzo de 2009, 11:31  

Bellísimo y demasiado triste.
Me has emocionado una vez más.

Un fuerte abrazo

Terapia de piso 29 de marzo de 2009, 14:16  

La latente melancolía que no es fácil sacarse del cuerpo.

Me gustó el estilo en este post.

Saludos.

José Roberto Coppola

BRILLI-BRILLI 29 de marzo de 2009, 15:34  

Porque respiremos no quiere decir que estemos vivos,maravilloso post.
Besos

Thiago 29 de marzo de 2009, 17:45  

Y sin embargo lo estamos, el hecho de recapacitar sobre el sentido de nuestra vida.

solo poder pensar en ello le da sentido a nuestra vida, sino si que no se diferenciaria de ese pobre animal tan entrañable como desgraciado, titere de la sociedad.

ay cari, que serio este comentario, jajaja

Bezos

Javi 29 de marzo de 2009, 18:36  

Mirando al mar ¡¡soñé!!....

David Samayoa 31 de marzo de 2009, 16:09  

La vida cuesta entenderla, por eso no hay que vivir analizandola, te marchita tus jovenes ganas de vivir.

Ana Belio 31 de marzo de 2009, 21:15  

La tristeza cuando nace de tus manos, de tu inspiración, nunca duele.

¿Sabes? Entre la desdicha y la mirada perdida en el infinito, hay un punto medio; cuando lo encuentras consigues robarle a la desdicha momentos de verdadera felicidad.

Yo por ejemplo me siento feliz por haberte conocido a ti, por hablar el mismo idioma del alma.

Miles.

Omar Magrini 1 de abril de 2009, 17:45  

Mario;, me uno a los demás comentarios, es bellísimo el poema, pero tiene un dejo de tristeza tan notorio, que te deja algo asi como un nudo en la garganta.La imagen acentúa esa sensación.
Un fuerte abrazo.
Omar

Angel 2 de abril de 2009, 8:24  

Los trinos de los que sobrevuelan a mí, concretemtente, suelen traerme recuerdos muy tristes.
Sólo las golondrinas consiguen alegrar mis primaveras.
Besos, Mario!

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