Te falló la sonrisa

>> jueves, 20 de octubre de 2011


Te falló la sonrisa,

maltratada con unos abrazos casi vacíos.

Quise buscar la dirección de tus ojos,

pero era una mirada perdida.

Ahora cambia el ritmo de mis lágrimas

al recordar noches sin sábanas,

rastros de olores,

gritos sin pasión.


Te falló la sonrisa

la vez que tomé tu mano para besarla.

Bebiendo de un vaso vacío

dejaste la marca de tus labios.

Tomé el cristal y lamí

aquellos besos que no me dabas.

Mis noches eran desvelos,

la ventana no tenía cortinas.


Te falló la sonrisa

cuando nos miramos al espejo.

Señales de adioses provocados por despedidas,

flores marchitas en la mesa,

facturas sin pagar,

gotas de lluvia

y yo solo en la calle mirando tus zapatos.



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Si me quieres conocer

>> martes, 18 de octubre de 2011


Tengo alma,

limpia y gemela de mi corazón.

Rezumo amor pero no lo exhibo.

Lloro cuando estoy solo

y pretendo que el mundo me vea sonreír cuando estoy en sociedad.

En ocasiones,

invento canciones que hablan de vidas ajenas,

otras,

me canto mi propia edad.

Miro al cielo por la mañana

y si no me gusta el color,

lo pinto de arco iris.

Me comporto como un payaso

cuando el dolor puede más que mi cuerpo;

así ahorro en aspirinas.

Si acaso digo que amo,

AMO;

si me oyes decir que odio

es que estoy mintiendo.

No concibo la vida sin poesía;

incluso en el telediario más crudo

escucho versos de hambre.

Sueño en rimas

y vivo en prosa.

Sé que existo

porque me rodean maravillas.

Y tengo claro que cuando muera

el mundo será distinto sin mí.



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Cuando el cielo amanece dolorosamente azul

>> lunes, 17 de octubre de 2011


El cielo amaneció dolorosamente azul. Así eran los cielos de octubre, donde el sol calentaba mientras una sombra no se interpusiera en nuestro camino.


Las noches eran rabiosamente oscuras.


También es cierto que aquellos ojos miraban esos días de distinta manera. Su vida giraba en forma de palabras, palabras y más palabras. Ni una sola mirada, ni un solo roce existía. Pero esas palabras le llenaban. Es más, anhelaba recibirlas. Incluso en la noche, aunque eso supusiera un desvelo.


Y mientras tanto, él no paraba de mirar al cielo.



Una noche le ocurrió algo insólito y que no se atrevió jamás a contar. Él era consciente que sus ojos estaban despiertos, aunque la mañana llegó cargada de dudas. El caso es que durante su sueño, le persiguió el color. Decenas, cientos de bolas y líneas de colores, se daban forma ante sus ojos.


Creyó volverse loco.


Tal vez fue porque durante esa noche nadie le habló.



Oyendo el traqueteo de sus pensamientos, llegué a deducir que sufría de pereza intelectual. No era el mismo. Quizá estaba empachado de palabras, quizá le faltó algún color. Quizá ni siquiera era octubre.



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Tormenta

>> miércoles, 5 de octubre de 2011


Abrí la ventana demasiado pronto,

y había comenzado la tormenta.

Apenas me dio tiempo a retirar la cortina

y su sombra ya aparecía entre las gotas de lluvia.



Cerré el pestillo

pero ya era demasiado tarde.

Su olor había quedado dentro.

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Lloro

>> sábado, 1 de octubre de 2011


Lloro con las historias de amor entre muertos y vivos, los visionarios y los más ciegos, que sabiendo reniegan de la hermosura del amor.



Lloro, por tener que ver abrazados cuerpos unidos a escondidas, copulando entre arenas de playa, mojados por esas olas de mar que avanzan sin avisar y trepan por los costados.



Lloro, por haber estado más de una vez en tu cama y tener que morder mi lengua por no narrar lo sentido. Por agrandar con más silencios mi caja de secretos hasta creer que se haría añicos sin empujaba mis desvelos.



Lloro por extrañar ahora todo aquello que me diste y ya no tengo, por saber que nunca más será mío, y por dudar si acaso alguna vez sentiste o tan sólo aparecí por casualidad.




Lloro, por que la vida no es como yo quiero, por los gritos que tengo que ahogar y por las risas que finjo cuando te veo. Por las cosas que me pierdo por no estar contigo, por las cosas que tengo y no sé utilizar, por las mañanas que amanecen y yo me pierdo.



Lloro por ser un revolucionario de mi propia vida, por inconformista, por mentiroso y generoso, por querer sin recibir correspondencia, por tener y desperdiciar, por desear lo prohibido, por creer en el morir por amor.



Lloro por nacer con picos de sensibilidad, por tener corazón, ojos y oídos, por querer estirar más los brazos y quedarme corto, por cojear en cada uno de mis paseos.



Lloro, por los olores que me pierdo, por todo aquello ya no existe, por lo no nato y por lo consentido.



Lloro, por no dejar secos mis ojos, por dormir cada noche con la soledad y despertar con el desconcierto. Por desayunar mis propios miedos y pisar los sueños.



Lloro, por que si no lloro muero.



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Mi despedida a José Luis Martín Vigil

>> domingo, 25 de septiembre de 2011


Hoy quiero rendir homenaje a un amigo. Hoy quiero dar mi público adiós a un ser querido: José Luis Martín Vigil, escritor.


Quiero rendir homenaje a ese hombre que ha muerto en silencio y que nadie en nuestro país ha sido capaz de dedicarle unas páginas en su periódico, en los noticieros. Una persona tan célebre otrora y que, a pesar de dejar un extenso número de libros publicados, ha sido ignorado por esta sociedad nuestra en sus últimos años e incluso para dar la noticia de su muerte.


Quisiera conocer más palabras aún no dichas para dedicarle Yo a José Luis, para que supiera todo lo que él significó para mí.


Mi adolescencia estuvo marcada por las palabras que leía en sus libros. Él fue el único que me ayudó sin saberlo. Sus libros fueron mi refugio en esa difícil época de mi vida.


Y fue cuando terminaba mi treintena cuando al fin hablé con él e iniciamos esta apreciada y querida amistad.


Soy feliz de haber leído todos sus libros incluso los no publicados, soy feliz de haber formado parte de su vida. Y soy feliz sabiendo que al fin descansa.


Fue en marzo del 2009 cuando José Luis Martín Vigil y yo escribimos juntos en este blog: “¿Quién me dijo que éramos nosotros dos?” que os invito a recordarlo.



Y fue al final de su vida cuando, apenas ya sin fuerza, me mandaba mensajes tan tristes de despedida como los que copio a continuación:



- Sigo como la víspera. Esto también puede ir para largo. Nadie lo sabe. Yo me preparo para lo que venga. En esto de la muerte, como en todo, Dios es mi padre y tiene mano en el asunto.


Marito, un día irás a Dios como verás que intento hacerlo yo y te estaré esperando, si llego al cielo ante que tú.



.- Querido chico mío.

El despojo que voy sufriendo en todas las cualidades que un día disfruté es evidente. Sufro al padecer, no te lo diré pero escribir es padecer. Aquí si que podría decir Larra que escribir es llorar. Pero en esta vida cada cual debe asumir su ración y yo con la ayuda de Dios lo llevo bien.



.- Mi agonía será larga, penosa y no fácil. Seguramente venderé caro mi pellejo. Cada vez el acoso es más agudo, pero siento que mi salud está fuertemente instalada. No hay ninguna razón para los silencios más que mi debilidad, mis alucinaciones por las 25 pastillas diarias.

No te afijas Marito, esto estaba previsto y yo soy muy fuerte. LO IMPORTANTE ES QUE SEPAS que te quiero de verdad.






José Luis Martín Vigil (Oviedo 1919 - Madrid 2011) Escritor español. Licenciado Filosofía y Letras, Humanidades y Teología, cultivó fundamentalmente la novela. Deja títulos como: La vida sale al encuentro, Sexta galería, Réquiem a cinco voces, Un sexo llamado débil, Muerte a los curas, Cierto olor a podrido, El rollo de mis padres, Doce indeseables, El faro de barlovento, Un tal Marcos, Mi nieto Jaime, Habla mi viejo, Beatriz un caso aparte, Tres primos entre sí, Yo, Ignacio de Loyola, Iba para figura, Me llamo Tolo… y tantos más.



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Lo nuevo que nos reclama

>> domingo, 11 de septiembre de 2011


Quedaron restos de mí en las sábanas blancas,

descuidé huellas.

Persistieron mis olores,

el beso de despedida

y la promesa de otro día juntos.


Papeles que se escriben pero que nunca se leen,

risas en ocasiones

aunque la noche traiga confidencias.

La vida en sí… Nada parece nuevo.

Sólo es nuevo para ti y para mí

que vemos amanecer entre letras y nunca entre besos húmedos,

que sólo nos quedan las cajas de los secretos

en vez de grandes manifestaciones,

y que las buenas noches

son de dudosa transparencia.


Mientras,

voy acumulando sensaciones

que me indican que todo está muy vivo.

Recojo las llaves que encuentro cada día bajo el geranio

y prometo volver.

Y pienso en la figura de una mantis religiosa,

que erguida,

leal a su posición

y demoledora del amor,

mantiene la incógnita de un mañana

que se augura eterno.

Me fijo en ella.

Quiero tocarla,

aunque temo perder la cabeza

si acaso ya no la perdí.

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